“Son tiempos para reflexionar porqué tantas mujeres han salido a la calle, y pensar cuáles son sus demandas, qué hay detrás de ellas,  y qué tiene que ver la economía con todo esto”.

 Alicia Muñiz, “Economía sin Corpiño”

Como ocurre año tras año, este lunes se otorgó el premio Nobel de Economía, que esta vez recayó en tres investigadores entre lxs que se encuentra Esther Duflo, una mujer. Es la segunda persona de su género en recibir este galardón en los más de 50 años recorridos desde su instauración en 1968.

En principio la noticia recorrió el mundo investida de una pátina de positividad, ante el hecho de que sea alguien de género femenino quién sea reconocida por su inteligencia, en medio de la marea cultural feminista que recorre gran parte de la sociedad global hoy en día.

Sin embargo, esa misma efervescencia cultural es la que, advertida del poder que la palabra tiene para validar las estructuras que sostienen las desigualdades de género, se atreve a cuestionar los discursos dominantes y a analizarlos palmo a palmo para descubrir “de que lado están” en realidad.

Es así que inmediatamente representantes de la Economía Feminista se han puesto a analizar las razones por las cuales se ha otorgado el premio en esta ocasión. A poco de investigar queda en evidencia que le dan el Nobel de Economía a una mujer que, para solucionar la brecha de género, propone la Teoría del Derrame, aquella que dice que para dejar de ser pobres (y las mujeres son más pobres aún que los varones) hay que dejar que los ricos (la enorme mayoría, varones) se enriquezcan aún más, y luego esperar que ese aumento de riqueza se vuelque hacia la población más excluida.

A modo de ejemplo se puede mencionar que una de las razones por la que le otorgan el premio Nobel es por establecer CIENTIFICAMENTE que el crecimiento económico impacta positivamente sobre la autonomía de las mujeres por la posibilidad de ADQUIRIR ELECTRODOMÉSTICOS. Es decir, Duflo valora que las mujeres pueden acceder a tecnología que alivie su carga de trabajo, sin cuestionar los roles de género y el reparto de tareas. Me recuerda a los varones patriarcales que en los años 40 planteaban que las mujeres no podían votar porque CIENTIFICAMENTE se podía demostrar que supuestamente tenían el cerebro más pequeño.

Desde el punto de vista comunicacional, se valida la palabra de una mujer, tratando de aparentar una retórica feminista, para en realidad reafirmar el discurso patriarcal, donde el INDIVIDUO es quién tiene en sus manos superar las desigualdades de género.

En definitiva:

  • Se sigue presentando a la palabra científica como la más valiosa para entender el mundo, obviando los demás saberes.
  • Se reviste el discurso de una aparente femineidad, para luego reafirmar valores patriarcales.
  • Por último, el mensaje es dirigido desde un individuo al que se le asigna determinado capital simbólico (la científica), hacia otro individuo que supuestamente no lo posee (la persona común), obviando que la modificación cultural necesaria para cambiar los valores que rigen las lógicas económicas es inevitablemente una tarea COLECTIVA.

Es necesario comenzar a cuestionar la falta de perspectiva de género de los premios Nobel, porque, como vemos, validan el discurso patriarcal, base de sustentación del orden cultural capitalista de acumulación extrema que está llevando al mundo a una posible catástrofe social y ambiental.

Tal como mencionábamos en un artículo anterior, la Contadora Alicia Muñiz explica muy bien como sortear esta maniobra discursiva en su ensayo «Economía sin Corpiño», publicado en la revista digital Entrelíneas #53 del Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación (CIEPYC). Allí dice que el foco de la Economía Feminista debe ser el SOSTENIMIENTO DE LA VIDA, y no la acumulación de cosas.

Casualidad o no, la entrega de este premio Nobel coincidió con el cierre del masivo Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en La Plata, donde cientos de miles de personas integrantes de colectivos de géneros femenino y disidentes marcharon por las calles de la ciudad para manifestar que ya no se pasan por alto los discursos dominantes, y que a cada intento de encubrir una defensa del orden patriarcal se le opondrá una masiva manifestación colectiva, caótica a veces, pero altamente efectiva, que lo pondrá en evidencia.

Será que algo, por fin, está cambiando…