Mientras la jubilación mínima asciende a $10.400, algunos jubilados deben decidir entre comer menos comidas al día o prescindir de algunos medicamentos.

Un estudio de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) demostró que las personas de la tercera edad son las que más sufren el ajuste y la inflación después de la reforma previsional que les redujo los aumentos semestrales en los haberes. El dato más preocupantes es que por sus condiciones etarias, características sociales y culturales consumen determinados tipos de bienes y servicios cuyos precios vienen incrementándose más que el promedio general de la economía.

En el caso de los medicamentos, cuyo abastecimiento está muy ligado a factores externos, el 175% de aumento promedio en el último año es uno de los rubros que más repercute en la calidad de vida de jubilados y pensionados. Después de alimentos (202%), es el que más se incrementó en el último año y muchos tuvieron que prescindir de “los menos importantes” porque no les alcanza el dinero.

En lo que refiere a alimentación, es notorio cómo distintos productos han evolucionado muy por encima del IPC general, algunos incluso casi han duplicado el aumento en el periodo, como es el caso del aceite de girasol (331%) y la harina de trigo común (315%). Otros artículos de primera necesidad han tenido fuertes aumentos como sal fina (268%), manteca (236%), lechuga (232%), tomate redondo (207%), hamburguesas (205%) y huevos (202%), entre otros.

En esa línea, la UNDAV estableció canastas básica, media y completa para diferenciar el porcentaje de variación inflacionaria. Por caso, la más barata en 2018 tenía un valor de $ 5.256 y en marzo de 2019 se incrementó a $ 8.932, lo que representa casi un 70% de incremento. La media, que el año pasado valía $ 7.300, ahora se infló en un 61% a $ 11.753. Por último, la más completa ascendía a $ 8.833 en 2018 y se actualizó un 58,3% por encima, con un valor actual de $ 13.986.

Infografía – Precios y Jubilaciones