Foto: Emiliano Lasalvia/La Nación

El 28 de diciembre se cumple un año del discurso del ministro de Hacienda: para el 2018, el presupuesto preveía una inflación del 10%, pero las proyecciones les indicaron que debía ser del 15%.

“Para el 2018 que está por comenzar nuestra meta de inflación va a ser del 15%”, dijo el ministro de Hacienda y Finanzas de la Nación, Nicolás Dujovne, justo el 28 de diciembre, cuando se festeja el día de los Santos Inocentes, que se conmemora porque el Rey Herodes I dio la orden de matar a todos los niños menores de 2 años de edad nacidos en Belén. El objetivo era asegurarse de que el futuro rey de Israel fuera asesinado.

Si el lector llegó hasta aquí sentirá culpa si no lee hasta el siguiente párrafo: estas líneas no serán para hacer un repaso histórico del Nuevo Testamento, ni para engañarlo con una fake news para luego retractarse con un “¡Feliz día de los Inocentes!”. Sí para indignarse con un modelo de país que, discursivamente, le hace creer a los argentinos que todos los días es 28 de diciembre.

Ayer el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, anunció en conferencia de prensa un nuevo aumento en la tarifa del transporte que será del 38% promedio y que, al menos en el conurbano bonaerense, llevará el boleto mínimo a $18 desde el 15 de marzo. Al día siguiente, en Radio La Red, culpó al kirchnerismo porque viajar en transporte en público es muy barato y “ese ‘viva la pepa’ y ‘el todo es gratis’ lo pagamos todos”.

Foto: Matías Baglietto/Infobae

El autor de esta nota piensa, busca todas las variables posibles, pero los argumentos del ministro no cierran. ¿Con qué autoridad moral dice eso? ¿Suena razonable que sea un ‘viva la pepa’ hacer fila para tomar un colectivo o un tren a las seis de la mañana para ir a trabajar o estudiar? ¿Es lógico que el que se esfuerza de manera rutinaria tenga que ajustar su haber en comprar una coca o un sándwich de milanesa para ahorrar y viajar en transporte público?

Dietrich dice “pagamos todos”, pero los que pagan su sueldo de ministro, la nafta del vehículo de alta gama con el que se moviliza por Buenos Aires y el aire acondicionado de su oficina son todos los argentinos que, por cierto, sufren cada vez más el ahogo fiscal de tener que pagar impuestos hasta por estornudar.

Herodes no quería saber nada con el futuro rey de Israel.

Pero todavía queda un párrafo más, lector; no cierre esta pestaña. ¿Vio que esta semana también reglamentaron el impuesto a la renta financiera? Si usted es un pequeño ahorrista de clase media o tuvo la fortuna de vender una propiedad este año, es porque también tiene un smartphone de última generación, la capacidad económica para cambiarlo con frecuencia y la suficiente comprensión lectora de sobra para interpretar lo que lee. Sepa también que tendrá que pagar impuestos por las ganancias del plazo fijo que depositó o del departamento que vendió

¿Alguien quiere pensar en la clase media, por favor?

Este modelo económico, ideado y aplicado por personas elegidas democráticamente, son las mismas que no dejan títere con cabeza; que al mercado –esos 12 directores ejecutivos de empresas energéticas y exportadoras- le tributa dos mangos con cincuenta de impuestos y que al laburante, que se levanta a las cinco de la mañana y llega a su casa a las ocho de la noche, le exprime la billetera con tarifazos en servicios públicos, cada vez más caros como necesarios.

En poco más de 72 horas comienza el 2019, año que será electoral. Que sea el último día de los inocentes con este modelo económico dependerá de la interpretación del bolsillo de los argentinos.