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La campaña electoral de cara a los comicios generales del próximo 20 de noviembre arranca a medianoche marcada por una nueva suba récord del desempleo, que ya afecta a cinco millones de personas, y merma aún más las perspectivas electorales de los socialistas en el poder.

El dato, dramático para millones de españoles, es la punta de lanza del candidato del conservador Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, a quien todas las encuestas sitúan como vencedor, con una ventaja de hasta 15 puntos sobre el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba.

El histórico anuncio del “cese definitivo” de la violencia de ETA, el pasado 20 de octubre, justo un mes antes de los comicios, no fue un revulsivo para el ex ministro de Interior socialista, en gran parte responsable del debilitamiento de la organización separatista, que sigue sin conseguir recortar distancia con su adversario.

En cambio, cuando aún no se vislumbra una salida clara a la profunda crisis económica que vive España, las últimas cifras de desempleo de octubre vuelven a poner el foco en la economía al confirmar el fracaso de las políticas puestas en marcha por el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

En octubre el desempleo se incrementó en 134.182 personas, un 3,17% más que el mes anterior, lo que eleva el total de desocupados a 4.360.926 personas, según datos publicados hoy por el Ministerio de Trabajo e Inmigración español.

Se trata del peor octubre desde 2008 y pone fin a una leve recuperación de cuatro meses que comenzó al inicio de la temporada turística, en abril, dando un respiro a los socialistas. Pero el propio ministro de Trabajo español, Valeriano Gómez, reconoció hoy que las nuevas cifras de desempleo “nos retrotraen al inicio de la crisis”, y “nos sitúan más lejos del final”.

Esta es la segunda mala noticia que reciben los socialistas en cuanto a cifras de desempleo a las puertas de la campaña, después de que la Encuesta de Población Activa (EPA) del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) registrara en el tercer trimestre de este año una cifra récord de 4.978.300 desempleados, un 21,52 por ciento de la población activa y máximo histórico del país.

Ya en campaña, el líder del PP afirmó hoy que los datos de desempleo de octubre son “insoportables” e “inaceptables”, y consecuencia de que los socialistas “no han sabido gestionar la economía española”.

Pero “no voy a recordar sus mentiras”, los “brotes verdes” de Zapatero, subrayó Rajoy, al tiempo que abogó por “mirar al futuro que es el PP».

La mala gestión de la crisis, pero sobretodo el giro político hacia la derecha dado por Zapatero, quien aprobó un fuerte ajuste por la presión de los mercados sobre la deuda española y la Unión Europea (UE), allanaron el camino de Rajoy a La Moncloa.

Con un programa clásico liberal que incluye más austeridad, rebajas de impuestos y más poder para los empresarios, pero lo suficientemente ambiguo como para no hacer demasiado ruido, Rajoy confía en que esta vez, tras los fracasos de 2004 y 2008 frente a Zapatero, logrará su cometido. Su estrategia es mantener el perfil bajo, y dejar que los datos económicos y el descontento social hagan el resto del trabajo.

Pero Rajoy tiene ante sí la posibilidad de lograr unos resultados históricos, de ahí que haya apostado por abrir su campaña por primera vez en Cataluña, donde cree que está la llave de la mayoría absoluta. Cataluña junto con Andalucía son graneros de votos socialistas y han sido claves para la llegada de Zapatero a La Moncloa.

El líder derechista participará de la tradicional “pegada de carteles” en la ciudad catalana de Castelldefels, gobernada por su partido, con la intención de al menos obtener los mismos votos que José María Aznar en el 2000. Por su parte, Rubalcaba, quien recuperó para su partido las banderas de la socialdemocracia, proponiendo subas de impuestos al capital, la banca y el patrimonio, para mantener el Estado de bienestar, abrirá su campaña en Madrid, bastión del PP.

El sábado será su mitín estrella junto al popular ex presidente Felipe González, a quien sirvió durante más de una década, y el ex vicepresidente Alfonso Guerra, en Sevilla, semillero del voto socialista.

La estrategia de Rubalcaba es clara: el PSOE y el PP proponen modelos antagónicos para salir de la crisis y, además, los conservadores tienen una agenda oculta de recortes sociales, que no revelan en su programa electoral, pero que ya está en marcha en las comunidades autónomas en las que gobiernan desde los comicios de mayo.

Apelará al “miedo” a la derecha con la esperanza de movilizar al electorado descontento, aunque será complicado que logre captar así el voto de los famosos indignados, surgidos en mayo de este año al calor de la campaña de los comicios municipales.

El movimiento de los «indignados» señalan a políticos y banqueros como responsables de la crisis y reclaman un verdadero cambio económico, político y social en España.

Donde el habilidoso y sagaz candidato socialista sí tiene posibilidades de ganar la batalla, aunque difícilmente será la definitiva, es en el debate televisivo del 7 de noviembre, en el ecuador de la campaña, cuando tendrá la oportunidad de llevar a Rajoy a su terreno, el de la dialéctica.