La ausencia de segundas marcas y la poca rentabilidad del sector inciden en el nivel más bajo de consumo desde hace 16 años.

Un estudio del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), aseguró que este primer bimestre del año el consumo cayó a 183 litros anuales por habitante, el nivel más bajo desde 2003, cuando el registro marcó 179 litros de consumo per cápita, sea como leche fluida o su equivalente en productos lácteos.

Los datos surgieron del informe de coyuntura perteneciente a marzo de 2019, en el que argumenta que la caída se da por factores similares a los que perjudica a las pequeñas y medianas empresas de la Argentina. Tiene que ver con el encarecimiento del producto en góndola en casi un 80% respecto al mismo mes del 2018. En el mismo sentido, tiene que ver con la devaluación de casi el 100% del peso argentino frente al dólar, cuando en marzo rondó entre los 20 y 21 pesos.

“La combinación de una menor producción de principios de año (-8,3% en el primer trimestre), la liquidación de stocks durante 2018, producto de los mayores niveles de exportación (+37% en toneladas) y la necesidad de hacer caja en el mercado doméstico, sumado a una baja en el consumo que recién se hizo importante a finales del año 2018 y principios de 2019, generaron obviamente un menor oferta doméstica”, explica el informe.

En esa línea, también destacaron que la menor oferta en el mercado interno “se expuso mayoritariamente en el rubro de leches fluidas y dentro de ellas en su versión refrigeradas, que fundamentalmente se dio producto de la mayor afluencia de consumo debido al diferencial de precios entre las presentación sachet versus cartón y la menor cantidad de marcas disponibles en la góndolas”.