“Llamamos “pedagogías de la crueldad” a todos los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. Esto supone la captura de algo que fluía errante e imprevisible, como es la vida, para instalar en su lugar la inercia y la esterilidad de la cosa mensurable, vendible, comprable y obsolescente, como conviene al consumo en la actual fase apocalíptica del capital”.

Rita Segato, “Contrapedagogías de la crueldad”

Hace pocos días llegó a mis manos un pequeño ensayo, titulado «Economía sin Corpiño» cuya autora es la contadora Alicia Muñiz, publicado en la revista digital Entrelíneas #53 del Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación (CIEPYC).

Dicho trabajo se enfoca en difundir un concepto cuya instalación se intenta alcanzar a partir de las nuevas y trascendentes luchas llevadas adelante por las mujeres alrededor del mundo: la Economía Feminista (EF).

Llamó mi atención que esta mirada disruptiva permitiese la articulación de una gran cantidad de temas que hoy se encuentran en debate en los medios, a menudo sin relación entre sí: violencia de género, destrucción del medio ambiente, desigualdad económica.

El enfoque de la EF es una manera de mostrar que la situación actual de las mujeres, la ecología y la economía no son más que parte de un mismo entramado cultural y resultado de una misma ideología que las traspasa y las ordena: el patriarcado.

Se trata de una visión de mundo que va plenamente de la mano con el planteo de la antropóloga Rita Segato, quien manifiesta que dicho orden patriarcal (y su manifestación económica, el capitalismo) se basan en la cosificación de la vida, es decir el despojar de carácter vital a lo vivo.

En un párrafo iluminador, el texto de Muñiz dice: «Trabajo son todas las actividades humanas que sostienen la vida, no sólo aquéllas que se realizan a cambio de unos ingresos». Una definición muy diferente a la de intercambio de energía vital por dinero, establecida por la economía androcentrista, esa que la mayoría interpretamos como “la única posible”.

Más adelante agrega: «Al poner en el centro los procesos de sostenibilidad de la vida, la EF identifica la tensión fundamental del sistema capitalista: la contradicción entre el proceso de acumulación de capital y los procesos de reproducción de la vida. Para la producción, las condiciones de vida son una variable de ajuste y la mano de obra es un costo; para la reproducción, el objetivo son las condiciones de vida y la producción de mercancías es un medio. La EF argumenta que el capitalismo explota y agota los ecosistemas, poniendo en riesgo todo lo vivo».

Este enfoque cambia el eje que vertebra la construcción de nuestra cultura (entendida como el orden social de los sentidos establecidos en un momento histórico determinado). No es la acumulación de riqueza, es el sostenimiento de la VIDA lo que debe regir los procesos de producción, distribución y consumo.

Por último, la autora presenta una articulación insoslayable entre ecología y economía. Si bien sus raíces etimológicas están evidentemente relacionadas, en la práctica androcéntrica de las relaciones económicas lo ecológico es sub-ordinado (es decir, colocado en un orden de sentidos de menor valor dentro de la cultura).

Por eso es notorio que una de las líderes ecológicas de la actualidad, la adolescente de 16 años Greta Thunberg, sea no sólo joven, sino también mujer. La relación entre lo femenino y la vida es lo que está impulsando a millones de personas alrededor del mundo a luchar por cambiar un sistema de explotación de recursos naturales que destruye lo vital, de la misma manera que se lucha contra la violencia machista.

Dice Muñiz en su trabajo: «… la EF está entrando en el urgente trabajo relacionado con el ecologismo. El abuso y el deterior del medio ambiente, el cambio climático y los problemas creados por el consumismo y el despilfarro, nos sugieren que la experiencia de las mujeres en el cuidado de las personas, y en la reproducción social del sistema económico actual son un eslabón clave para nuestro planeta».

No creo que las teorías económicas desarrolladas hasta la actualidad se hayan quedado cortas en analizar el enfoque de la EF. Más bien, por el contrario, lo que ha sucedido es que ha sido intencionalmente dejada de lado, a fin de instalar en su lugar un orden social de significados con valores opuestos, al que denominamos “patriarcal”, caracterizado por la verticalidad en la practica del poder, la tendencia a la apropiación individual ilimitada y la exclusión.

En ese sentido, hay un fantástico trabajo de Pierre Bourdieu, denominado «Mercado lingüístico», donde explica que en una cultura los conceptos son valorados en un sistema de disposiciones similar al que aplicamos en economía para establecer los precios de bienes, servicios y factores de producción. Es decir, hay un proceso de valorización (y su contrario, la desvalorización) de categorías lingüísticas, de palabras, así como hay un proceso de valorización monetaria en la economía. Estos procesos son dinámicos, es decir, cambian con el transcurso histórico, porque cambian las prácticas y representaciones socialmente aceptadas.

La realidad histórica demuestra que, hasta ahora, hemos valorizado ideas y prácticas económicas, ecológicas y de género absolutamente destructivas y que a pesar de su apariencia de “único orden posible”, deben ser cuestionadas y desinstaladas definitivamente si queremos una cultura global que contemple ante todo la dimensión vital de nuestra realidad humana.

Hacia allí apunta la Economía Feminista.