the strokes
Los británicos de Beady Eye y los estadounidenses de The Strokes combatieron a la lluvia y al frio y la vencieron con una ofensiva de buen rocanrol mezclada con grandes canciones para el disfrute de casi 40.000 personas reunidas en el Club GEBA.

La sede San Martín de GEBA fue el emplazamiento donde se produjo esta “batalla” entre músicos y fans contra una lluvia a veces torrencial y el viento frío que provenía del Río de la Plata, en el marco de la primera jornada del Personal. Y la lluvia cesó en el mismo momento en que Liam Gallagher, Gem Archer, Andy Bell, Chris Sharrock, se apoderaron del escenario y le recordaron a todo el mundo que Argentina es un “país Oasis”.

Beady Eye, el desprendimiento de los Oasis sin el compositor Noel Gallagher, ofrendó 13 canciones en los que homenajean al rock británico desde Los Beatles, pasando por los Stones, los Kinks, The Who, Los Small Faces y los primeros álbumes solistas de Paul McCartney y John Lennon.

En primer lugar es necesario aclarar que Beady Eye no vino a robar a la Argentina, ya que no tocó una sola canción de Oasis, se concentraron en su muy buen disco debut “Differente gear, still speeding” y algunos lados B.

Esta banda es mucho más rockera que Oasis, y la democracia imperante, luego del despido del “tirano” Noel, le ha hecho muy bien a Liam, gracias al excelente trabajo de sus laderos Archer y Bell, dos buenos compositores, que ayer estuvieron acompañados por el bajista James Wootton y el tecladista Matt Jones.

Inclusive las canciones suenan más poderosas en vivo que en el disco, ya que con su reconocida capacidad Bell y Archer parecen darle forma musical a los anhelos y deseos del ex vocalista de Oasis, Liam.

Los Beady Eye se llevaron una gran sorpresa cuando escucharon a la gente cantar las estrofas de “Four letter Word” y eso los motivó a realizar una gran show que confirma que Oasis fue una de las mejores banda de rock del mundo de los últimos 15 años y dos hechos lo ratifican: su desprendimiento, Beady Eye es un muy buen grupo y “High Flying Birds”, el disco solista de Noel, es un muy buen álbum.

El ADN beatlesco sigue vivo en Beady Eye, pero ha sido contaminado gratamente por los Stones de los 60, los Kinks, los Who, los Animals y hasta por Little Richard y Chuck Berry, pasando por los Small Faces y otros grupos de aquella Gran Bretaña.

El disco tiene grandes canciones como “The Roller”, casi un himno para sus fans porteños, al igual que al rockito “Bring the Light” donde Jones se luce un teclado a lo Little Richard o a lo Billy Preston.

“The Beat goes on” es una canción estupenda en las que Liam se jugó todo su magnetismo como frontman y su poder como vocalista y en la que Archer y Bell, a cargo de las guitarras, demostraron su sapiencia como músicos.

“Man of misery” es una hermosa balada británica, embellecida por los mágicos dedos del ex Ride, Bell y su guitarra, al igual que “Wigwam”, un muy buen rocanrol que paga grandes beneficios con sus coritos a lo “sha-la-la-la”. Los Bady Eye se sienten tan cómodos con su presente y sin añoranzas de su pasado, que se dieron el gusto de convertir en una gran canción a “Sons of the Stage”, un tema compuesto por la ignota banda de Manchester -hogar de los Gallagher- World of Twist.

Aplaudidos por el público que estaba más que satisfecho con más de una hora y media de rocanrol del bueno, Liam y sus amigos dejaron el escenario, agradeciendo la buena onda y reconociendo el fervor de la gente.

Unos minutos después subió al escenario el combo neoyorkino The Strokes, que ya habían tocado en Argentina allá por el 2006, con su formación completa y con su cuarto álbum “Angles” bajo el brazo.

El show fue notablemente diferente con aquel en el Club Ciudad, ya que se pudo ver a una banda mucho más madura, más afianzada y al vocalista Julian Casablancas con ganas de desplegar otros colores desde su garganta.

El show arrancó con el clásico “New York City Cops” al que siguieron “Heart in a Cage”, dos rocanroles en los que se lució el guitarrista Nick Valensi que anoche rengueaba porque llevaba puesta una bota ortopédica por una lesión en su tobillo derecho.

En la tercera canción la gente disfrutó mucho el intento de cinco neoyorkinos de mezclar carnavalito andino con sonidos post punk y new wave en la canción “Machu Pichu” de su último disco.

A caballo de una base firme y solida que conforman el bajista Nikolai Fraiture y el baterista Fabrizio Moretti, los guitarrista Albert Hammond Jr. y Valensi pudieron desplegar en clásicos de la banda como “Modern Age” y “It this it”.

Esta canciones sirvieron para producir en el barrial que en ese momento era el club GEBA en el “momento Justin Bieber” de la noche porque lo Strokes son una banda para chicas, que ayer aullaban por Casablancas, Valensi, Moretti y Hammond. Pero con una gran diferencia, mientras las púberes que fueron a River a ver a Bieber le gritaban “Justin te amo”, las veinteañeras y treintañeras que se reunieron ayer al pie del escenario le pedían a Casablancas “Julian, fuck me”.

Es indudable que los Strokes están influenciados por grupos como Televisión, Blondie y otros de la new wave neoyorkina, pero también, y con cierta ironía, se podría decir que son como la Velvet Underground de Lou Reed, pero con más onda y mejor cantante.

Además de clásicos como “12:51”, “Reptilia”, “Automatic Stop”, “Alone Together” y su hitazo “Last nite”, los Strokes también interpretaron buenas canciones de su nuevo disco como “You are so right”, “Gratisfaction” y “Juice box”.

Los Strokes terminaron de completar una gran noche de rocanrol, con un show sin fisuras, en el que la banda estableció y fortaleció su vínculo con los argentinos, que parece prometer más visitas futuras.

Como números previos, en los escenarios principales sonaron los notables canadienses Broken Social Scene, una de las bandas más interesantes surgidas en los últimos años, que mostraron toda su versatilidad con un largo paseo por el pop, el rock, el noise y el power pop.

Los Broken cambiaban de instrumento a cada canción y se apoderaron de la tarde lluviosa y del escenario con humildad y a fuerza de buenas canciones como la cantada junto a Emily Haines, vocalista de la banda canadiense Metric.

Minutos antes, los británicos de White Lies entregaron ese rock con bases poderosas electrónicos y cierta atmosfera oscura que Remite a Joy Division, al primer New Order y a Interpol, aunque con mucha más vitalidad que estos últimos.