El sábado por la mañana Cristina Fernández de Kirchnner sorprendió a propios y extraños.  A través de un mensaje por las redes sociales anunció que se bajaba de la precandidatura por la presidencia de la Nación para ser precandidata a vice; en su lugar ungió a Alberto Fernández, ex jefe de gabinete durante el gobierno de Néstor, acérrimo opositor durante los de Cristina, con quien hoy vuelve a encontrarse. Macri lo hizo.

A partir de ese momento, miles de especulaciones y afirmaciones políticas salieron a la luz.

Desde, “jugada magistral de ajedrez”, “la dama movió e hizo jaque”, “se asegura un triunfo en primera vuelta”, “escenario de pesadilla para el macrismo” hasta “capitulación ante los poderes  fácticos”  fueron los apresurados análisis que se escucharon de derecha a izquierda.

Lo cierto es que a pesar de la debacle de los candidatos de Cambiemos en las nueve provincias en que se han realizado las elecciones hasta el día de hoy, nadie podría asegurar que Macri no llegue al balotaje y que eventualmente pueda ganarlo. Tener el poder del Estado, los medios de comunicación, el capital financiero internacional y el gobierno de los Estados Unidos a tu favor, no es poca cosa, y eso Cristina lo sabe perfectamente. Sabe también que hoy con su sola figura no alcanza para vencer a una derecha que en su ofensiva destructiva en el continente, llego por primera vez al poder en nuestro país a través del voto popular.

Con Alberto Fernández a la cabeza pretende tender un puente al electorado no kirchnerista que le permita flexibilizar su techo electoral, angostar la avenida del medio ocupada por la derecha peronista agrupada en Alternativa Federal (sumar a Massa como principal objetivo), y junto a esto recomponer la relación de doble comando con los grandes grupos económicos locales  ( Techint y Clarín incluido) iniciada por Néstor y el propio Alberto Fernández allá por el 2003 y quebrada en el 2008 a partir del conflicto con el campo por las retenciones.

La recomposición de la relación entre el kirchnerismo  como representante de la pequeña y mediana burguesía, con la gran burguesía nacional es posible, porque el proyecto macrista -representante del gran capital financiero internacional- los conduce a su exterminio y con ellos a nosotros los trabajadores, hoy sin proyecto propio y por lo tanto a merced de la subsistencia de la pequeña y mediana burguesía.

Por otro lado la candidatura de Alberto Fernández, quien fue jefe de campaña de Massa en el 2013 y de Randazzo en el 2017, preanuncia un eventual cuarto gobierno peronista-kirchnerista, mucho más moderado y conciliador. La enorme deuda contraída con el FMI, el precio de la soja a menos de la mitad que en el 2012, el avance de gobiernos derechistas en América Latina, le da poco margen para intentar transformaciones más profundas que requerirían de un  masivo apoyo y una movilización popular que hoy no se advierte en la línea de acción política de este espacio.

Es evidente que para el pueblo trabajador no es ajeno cómo se resuelve esta disputa interburguesa , ya que el triunfo de la fórmula Fernández-Cristina sobre Macri, es la línea entre comer y no comer, tener un trabajo aunque sea en negro o estar desempleado, la subsistencia o la liquidación de las conquistas sociales.

Ahora bien, es evidente que discursos transformadores de sectores como el Frente Patria Grande  tienen poco o nulo margen de que se hagan realidad dentro este “Frente Patriótico”. Si bien es válido apoyar al peronismo-kirchnerismo como la única y verdadera alternativa en la actualidad para desalojar a Macri del gobierno, no es válido y  es hasta oportunista, esgrimirlo como la única posibilidad de revitalizar un proyecto anticapitalista desde el peronismo.

Si desde la izquierda pretendemos empezar a que un proyecto de país soberano y políticamente independiente se haga realidad, es hora de dejar de criticar solo lo que haga Cristina o el peronismo, ellos piensan en otras categorías ideológicas  -además de hacerlo bien e inteligentemente- y tener nuestra propia propuesta.

Terminar con los sectarismos, pensar en y por las masas en el plano de política concreta, elevar un programa de reivindicaciones que el pueblo vea posible y lo impulse a la lucha , y construir la organización política de masas que lo articule, son tareas que el Frente de Izquierda se ha negado sistemáticamente a realizar. ¡Convocar a esa tarea es inmediato, para que la clase trabajadora y el pueblo sea el verdadero artífice de su destino!