Política
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La bipolaridad argentina: Milei mata al Estado en Francia y Villarruel lo resucita en España

Mientras el Presidente defendió desde París su programa económico y la desaparición de los estados, su vice reivindicó en Madrid la industria nacional, las pymes y el trabajo.

Andrea Lazaro
02/10/2026
La bipolaridad argentina: Milei mata al Estado en Francia y Villarruel lo resucita en España

Argentina mostró este viernes una de esas postales que cuesta explicar puertas afuera: mientras el presidente Javier Milei hablaba en París de su programa económico y anunciaba una inversión minera de US$4.000 millones, su vicepresidenta Victoria Villarruel hacía lo propio en Madrid, pero con un discurso diametralmente opuesto, centrado en la defensa de la industria nacional, las pymes, el empleo y la necesidad de intervención estatal. El problema es que no son dos dirigentes de fuerzas distintas, sino las dos máximas autoridades políticas de la Nación.

Como se indicó, Milei estuvo en París, donde mantuvo reuniones con empresarios y participó del Foro Económico de París, que le entregó una distinción. Allí volvió a reivindicar el rumbo de su administración y puso al equilibrio fiscal como uno de los pilares de su Gobierno. También, al borde del llanto, defendió el trabajo de sus funcionarios,

El Presidente completó su agenda francesa con un anuncio que sintetiza buena parte de su política económica. Junto al CEO de Glencore, Gary Nagle, informó el desarrollo del proyecto Agua Rica, en Catamarca, que ingresó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El emprendimiento contempla una inversión estimada de US$4.000 millones, con US$771 millones previstos para los primeros dos años, una producción promedio de 200.000 toneladas de cobre anuales y exportaciones proyectadas en US$2.167 millones por año, destinadas a los mercados internacionales.

A unos 1.000 kilómetros, en Madrid, Villarruel cerraba su participación en el XII Foro Parlamentario Iberoamericano con un mensaje que se ubicó en otra vereda del debate económico. La vicepresidenta habló de los efectos de la inteligencia artificial sobre el trabajo y reclamó políticas públicas para acompañar a las pymes. “No estamos frente a un debate meramente técnico, estamos frente a una encrucijada humana”, sostuvo. Y planteó que era necesario “situar al ser humano que trabaja en el centro de toda innovación tecnológica”.

El contraste se hizo todavía más evidente cuando Villarruel reclamó una intervención concreta de los Estados para sostener a las pymes y las industrias. “Si los Estados y los Parlamentos no intervenimos con programas audaces de apoyo para la Pequeña y Mediana Empresa, que es el verdadero motor de nuestro empleo, la reconversión tecnológica va a profundizar la inequidad en la distribución del dividendo digital”, afirmó; y pidió “políticas públicas serias que defiendan el arraigo federal y la industrialización”.

“Ninguna transferencia económica va a sustituir jamás la dignidad sagrada del trabajo”, sumó.

Así, mientras Milei llevaba a París el discurso de la Argentina que busca atraer capitales y ser un polo global de desarrollo tecnológico libre de regulaciones estatales, Villarruel llevaba a Madrid otro mensaje: un Estado que intervenga, proteja el empleo, acompañe a las pymes y promueva la industrialización. Un papelón a los ojos del mundo.

La imagen hacia el exterior terminó siendo la de una Argentina con dos voces totalmente opuestas en la cima del mismo poder. Una “esquizofrenia” política que refleja la fractura que atraviesa a la propia fórmula presidencial.

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Así, Milei y Villarruel trasladaron sus diferencias domésticas a dos escenarios internacionales y, mientras cada uno defendía su propio diagnóstico, la Argentina quedó representada por dos modelos de país que difícilmente podrían ser más diferentes.

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