Política
Silla caliente

Con Santilli, Milei suma su cuarto jefe de Gabinete y profundiza un récord de inestabilidad política

La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete confirma el cuarto recambio en el cargo durante la gestión libertaria, un récord desde 1983.

Nazareno Napal
30/06/2026
Con Santilli, Milei suma su cuarto jefe de Gabinete y profundiza un récord de inestabilidad política

La asunción de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete de Javier Milei no solo representa un cambio de nombres dentro del Gobierno nacional. También confirma una marca inédita desde el regreso de la democracia: en apenas y dos años y medio de gestión, el Presidente habrá tenido cuatro funcionarios distintos al frente de la jefatura de Gabinete, un dato que expone la dificultad para consolidar uno de los cargos más sensibles de cualquier administración y refleja las tensiones en la conducción política de la Casa Rosada.

El ex ministro del Interior jurará este martes a las 17:30 en Casa Rosada, en una ceremonia encabezada por Milei junto al resto del Gabinete, luego de la renuncia de Manuel Adorni, quien dejó el cargo en medio de las investigaciones por enriquecimiento ilícito. Santilli se convertirá así en el cuarto jefe de Gabinete de la administración libertaria, tras los pasos de Nicolás Posse, Guillermo Francos y el propio Adorni.

La sucesión de nombres resulta llamativa no solo por la velocidad con la que se produjeron los cambios, sino también porque contrasta con las gestiones anteriores. Mauricio Macri sostuvo durante sus cuatro años de mandato a Marcos Peña como único jefe de Gabinete, mientras que Alberto Fernández tuvo tres ministros coordinadores: Santiago Cafiero, Juan Manzur y Agustín Rossi. Milei, en cambio, alcanzó esa cifra antes de completar la mitad de su mandato y ahora la supera con un cuarto funcionario.

En casi 930 días de gobierno, el promedio de permanencia en la Jefatura de Gabinete ronda los 310 días. Nicolás Posse fue el que menos duró, con apenas 169 días en funciones; Guillermo Francos permaneció alrededor de un año y medio y logró convertirse en el articulador político más sólido de la gestión, mientras que Adorni dejó el cargo tras menos de ocho meses, envuelto en una fuerte polémica por la investigación sobre su patrimonio.

Una silla cada vez más difícil de sostener

El constante recambio también deja al descubierto una característica de la gestión libertaria: la dificultad para consolidar una conducción política estable. Desde su llegada a la Presidencia, Milei construyó un liderazgo fuertemente personalista, con escaso margen para la negociación y una toma de decisiones concentrada en un círculo muy reducido, encabezado por Karina Milei y Santiago Caputo.

Ese estilo, que le permitió diferenciarse como outsider durante la campaña electoral, también planteó desafíos a la hora de gobernar. La figura del jefe de Gabinete, creada por la reforma constitucional de 1994 para coordinar ministerios, negociar con gobernadores, construir mayorías parlamentarias y servir como principal articulador político del Poder Ejecutivo, requiere precisamente de una capacidad de diálogo permanente con actores de distinto signo político.

Posse nunca logró asumir ese rol y terminó dejando el Gobierno tras crecientes cuestionamientos internos. Francos, con una extensa trayectoria política, fue quien mejor se adaptó a esa función y consiguió destrabar negociaciones clave con las provincias y el Congreso, entre ellas la aprobación de la Ley Bases. Adorni, por el contrario, trasladó a la Jefatura de Gabinete el perfil confrontativo que había construido como vocero presidencial, consolidándose como uno de los funcionarios de mayor confianza del Presidente, aunque sin modificar el estilo político de la administración.

En ese contexto, Diego Santilli asumirá el desafío de conducir un área que, lejos de consolidarse como el centro de coordinación política del Gobierno, se convirtió en una verdadera “silla caliente”- Su llegada abre una nueva etapa para la administración libertaria, aunque también pone a prueba si el oficialismo logra estabilizar una cargo que, hasta ahora, parece no ofrecer demasiadas garantías de permanencia

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