Sincericidio de Cabot: las “Licencias literarias” que sostuvieron la causa cuadernos

El periodista Diego Cabot se mostró nervioso y dubitativo durante su declaración ante la justicia y admitió que nunca se enfocó en construir un relato exacto de los hechos

Maximiliano Pérez
07/05/2026
Sincericidio de Cabot: las “Licencias literarias” que sostuvieron la causa cuadernos

La llamada "Causa Cuadernos", que investiga una supuesta red de corrupción durante los gobiernos kirchneristas, tuvo este martes una jornada importante con la declaración de Diego Cabot, periodista y operador político del grupo La Nación, responsable del puntapié inicial de la investigación, ya que fue quien dio a conocer una serie de fotocopias de los registros que, supuestamente, llevaba el chofer de José López sobre la recaudación que se realizaba a través del Ministerio de Planificación Federal que comandaba Julio de Vido.

La megacausa fue presentada con bombos y platillos por sectores de la derecha y los grandes medios de comunicación y se convirtió rápidamente en el expediente con mayor cantidad de procesados de toda la historia penal argentina. Sin embargo, apenas unos meses después comenzaron las inconsistencias y las dudas sobre los procedimientos y los verdaderos objetivos del fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío, dos funcionarios judiciales de manifiesta enemistad con el kirchnerismo a quienes, llamativamente, les tocaron prácticamente todas las causas contra el gobierno de Cristina Fernández.

El primer obstáculo fue la imposibilidad de peritar los cuadernos, ya que la principal evidencia eran apenas fotos tomadas con un teléfono celular; en algunos casos, ni siquiera de supuestos originales, sino de fotocopias. Cuando la Justicia le preguntó a Oscar Centeno, el chofer y escriba, aseguró que los había quemado en la parrilla de su casa. Sin embargo, tiempo después los cuadernos aparecieron y quedaron durante meses en los cajones de un juzgado antes de ser peritados.

El resultado fue, en sí mismo, escandaloso: más de una persona escribiendo y más de 1500 tachaduras, modificaciones y correcciones. Todos los cambios, por supuesto, reforzaban la hipótesis central de la Justicia contra los funcionarios del gobierno K.

Las irregularidades no terminaron ahí. Antes de eso, uno de los imputados, el empresario Pedro Etchebest, ya había pateado el tablero al registrar ante escribano público que iba a realizar una declaración falsa, ajustada a lo que le pedían Stornelli y Bonadío, bajo amenaza de quedar detenido. Por si quedaban dudas sobre las presiones alrededor de la causa, ninguno de los testimonios se registró ni en audio ni en video, en una época en la que nunca en la historia judicial fue tan fácil contar con herramientas para hacerlo.

Etchebest sostuvo que durante toda la citación de empresarios contratistas del Estado hubo presiones para que mencionaran a Julio de Vido, José López y Cristina Fernández.

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Ya son casi 30 los empresarios que rechazaron haber mencionado pagos de coimas en sus declaraciones, a pesar de que así lo hicieron figurar los responsables de la causa. La frutilla del postre es que muchos además tienen causas abiertas por extorsión contra el falso abogado Marcelo D'Alessio, un colaborador de Patricia Bullrich que el periodista Alejandro Fantino presentaba en sus programas como experto en lucha contra el narcotráfico y de quien existen diversos registros sobre su estrecha relación con el fiscal de la causa Cuadernos.

 

 

“En ningún momento me enfoqué en hacer un relato exacto”

En su declaración de ayer, Cabot se mostró dubitativo sobre varios puntos. Reconoció que tuvo varios encuentros con Stornelli e incluso que visitó la casa del funcionario judicial, una práctica poco habitual para una investigación periodística, salvo que exista entre las partes una relación estrecha previa al desarrollo de la causa.

Pero el elemento central de la declaración del periodista y autor de un libro sobre la causa fue que admitió haberse tomado “licencias literarias”. Ante la repregunta de los abogados defensores, tampoco pudo responder con firmeza que no hubiera “inventado” parte del relato.

“Hay datos que yo obviamente construí, una suerte de narración para explicar la historia”, respondió Cabot, y agregó que “en ningún momento me enfoqué en hacer un relato exacto”, aunque la obra fue presentada como el resultado de una investigación sobre la causa.

Tampoco pudo responder de manera contundente sobre sus encuentros con Stornelli y Bonadío, a pesar de que son hechos que aparecen relatados en el libro. Y ante cada pregunta la respuesta fue repetida: “No, no recuerdo”.

La declaración fue presentada por la prensa libertaria como un acto de valentía por parte del periodista. Sin embargo, dejó expuestas varias de las debilidades que arrastra la causa desde sus inicios: pruebas basadas en fotocopias, testimonios cuestionados, empresarios que denunciaron presiones y una evidente cercanía entre sectores de la prensa y funcionarios judiciales.

Ahora la causa Cuadernos vuelve a naufragar porque nada de lo que se dijo al principio parece sostenerse. Ni Centeno escribió los cuadernos en soledad, ni los empresarios admitieron haber pagado coimas, ni las crónicas periodísticas fueron certeras.

Incluso el principal periodista que impulsó el caso admitió que “en ningún momento” se enfocó en hacer un relato exacto.

La causa que prometía probar la mayor trama de corrupción de la historia argentina sigue apoyada en fotocopias dudosas, testimonios cuestionados y un periodista que reconoció haberse tomado “licencias literarias”.

 

La imagen que acompaña este artículo fue intervenido con IA

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