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Endeudarse para vivir: Seis de cada diez hogares recurren al crédito para cubrir gastos básicos

Con ingresos deteriorados, crecen los atrasos y el crédito se vuelve sostén del consumo, incluso para cubrir servicios, alimentos y gastos esenciales.

Nazareno Napal
22/04/2026
Endeudarse para vivir: Seis de cada diez hogares recurren al crédito para cubrir gastos básicos

El endeudamiento de los hogares volvió a encender señales de alerta en la economía argentina, en un contexto donde los ingresos no logran recomponerse al ritmo del costo de vida. Lejos de mostrar una recuperación sólida, los datos reflejan que cada vez más familias recurren al crédito, formal e informal, para sostener gastos básicos, mientras crecen los atrasos en los pagos.

Un informe de la consultora Focus Market, elaborado sobre la base de 2.670 casos junto con datos de la Encuesta Permanente de Hogares y el Banco Central, revela que cerca de seis de cada diez hogares mantienen deudas por fuera del sistema bancario. En total, las familias acumulan compromisos por unos $39 billones, en un escenario donde el financiamiento dejó de ser una herramienta para consumo excepcional y pasó a convertirse en un recurso cotidiano para llegar a fin de mes.

El fenómeno muestra un cambio profundo en la dinámica del crédito. Si bien aumentó el acceso al sistema financiero formal (actualmente el 55,1% de los hogares tiene deuda bancaria), el costo de ese financiamiento se volvió cada vez más pesado. La deuda promedio con bancos asciende a $5,7 millones por hogar, equivalente a más de tres salarios formales, cuando años atrás representaba menos de la mitad de ese esfuerzo.

Sin embargo, el dato más preocupante es el deterioro en la capacidad de pago. La morosidad se disparó en el último año: la proporción de deuda irregular pasó del 2,7% al 10,6%, casi cuadruplicándose en apenas doce meses. Los préstamos personales lideran este deterioro, con más de uno de cada ocho pesos en situación de mora, mientras que las tarjetas de crédito también registran niveles elevados de incumplimiento.

Cuando la deuda deja de ser opción y pasa a ser necesidad

La crisis ya no se limita a gastos prescindibles. El atraso en pagos alcanza a obligaciones esenciales como servicios, expensas y cuotas educativas, lo que evidencia el grado de presión sobre los presupuestos familiares. En muchos casos, los hogares se ven obligados a priorizar qué pagar y qué postergar, en un contexto donde los ingresos pierden poder de compra frente a aumentos constantes en tarifas, transporte y otros costos fijos.

A esto se suma el debilitamiento de las redes informales de contención. Los préstamos entre familiares y amigos, que históricamente funcionaron como un respaldo en momentos de dificultad, cayeron de manera significativa en la composición de la deuda. Este retroceso sugiere que el deterioro económico ya no afecta solo a sectores puntuales, sino que se extiende de manera más generalizada, reduciendo la capacidad de asistencia dentro del propio entramado social.

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Detrás de estos números aparece un factor central: la persistente caída del poder adquisitivo. Con salarios que no logran acompañar la evolución de los precios y acuerdos paritarios limitados, cada vez más familias enfrentan dificultades para sostener su nivel de consumo. El resultado es un esquema en el que el crédito funciona como un puente, pero también como una trampa que compromete los ingresos futuros.

En este escenario, el modelo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei muestra tensiones crecientes. Mientras algunos sectores concentrados, como el agro y la minería, exhiben mejores resultados, actividades más intensivas en empleo como la industria y el comercio atraviesan dificultades. Esta dinámica profundiza la desigualdad y limita las posibilidades de recuperación para amplios sectores de la población.

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Así, el endeudamiento se consolida como una pieza clave para entender la actualidad económica: no solo como un mecanismo para sostener el consumo en el corto plazo, sino también como un indicador de fragilidad estructural. En un contexto donde el ingreso alcanza cada vez menos, la deuda deja de ser una opción y pasa a ser una necesidad, con consecuencias que empiezan a sentirse con fuerza en la vida cotidiana de millones de argentinos.

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