Francos olió sangre y marcó a Adorni en su peor momento
El ex Jefe de Ministros cuestionó las explicaciones de Adorni en plena crisis y dejó al descubierto tensiones internas mientras el Gobierno intenta sostenerlo.
En medio del creciente desgaste que arrastra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, una voz inesperada dentro del propio universo libertario dejó al descubierto lo que hasta ahora muchos evitaban decir en público. Lejos de un respaldo cerrado, el ex jefe de ministros Guillermo Francos eligió marcar distancia y, con sutileza, dejó expuesto al funcionario que lo sucedió.
Durante una entrevista televisiva, Francos reconoció que el escándalo que envuelve a Adorni no solo impactó en su figura, sino que también golpeó al Gobierno. Pero lo más llamativo fue su diagnóstico sobre el manejo del tema: “falló en dar sus explicaciones” y tuvo “una actitud que a la gente no le gustó”, admitió, en una definición que sintetiza el malestar que crece tanto en la opinión pública como puertas adentro del oficialismo.
La frase no fue casual. En un contexto donde Adorni quedó en el centro de las sospechas por su patrimonio, sus viajes y las inconsistencias en sus declaraciones, el ex funcionario eligió correrse del libreto del respaldo automático y deslizar una crítica que, aunque medida, suena a pase de factura. Sobre todo si se tiene en cuenta que fue el propio Adorni quien ocupó su lugar tras su salida del Gabinete en medio de tensiones internas.
Aun así, Francos no rompió del todo: dejó en claro que el funcionario sigue contando con el sostén político del presidente Javier Milei y de (la verdadera jefa) Karina Milei. “Algún motivo tendrán”, deslizó, sugiriendo que el círculo más íntimo del poder maneja información que no trasciende. Un respaldo que, por ahora, funciona como escudo frente a la presión judicial y mediática.
Sin embargo, el propio Francos dejó entrever que ese blindaje no es infinito. “Hay que esperar si puede dar respuesta a los requerimientos de la Justicia”, planteó, dejando abierta la puerta a un escenario en el que la continuidad de Adorni dependa más de los expedientes que de la voluntad política.
En paralelo, el ex jefe de Gabinete también buscó relativizar algunos episodios, al señalar que el viaje a Estados Unidos “se agrandó más de lo que era” y calificar como una “imprudencia” el vuelo privado a Punta del Este. Pero incluso en ese intento de bajar el tono, el daño ya estaba hecho: la falta de explicaciones convincentes quedó instalada como el principal problema del funcionario.
El movimiento de Francos no pasó desapercibido. No solo porque expone una fisura en el discurso oficial, sino porque llega acompañado de su propia reaparición en la escena política. Con la mira puesta en las próximas elecciones, el ex ministro dejó en claro que tiene “vocación de ser candidato”, una definición que reaviva las tensiones dentro de un espacio donde las ambiciones sobran y los lugares escasean.
En ese tablero, su posicionamiento cobra otro sentido. Mientras Adorni enfrenta su momento más delicado, Francos vuelve a mostrarse activo, crítico y disponible. Una combinación que, en política, rara vez es inocente.
Con el correr de los días, el caso que rodea al jefe de Gabinete dejó de ser solo un problema judicial para convertirse en una disputa de poder dentro del oficialismo. Y en ese escenario, cada declaración empieza a pesar más de lo que parece. Porque cuando los propios comienzan a marcar errores, el ruido deja de ser externo y se transforma en señal de alerta interna.


