La Justicia ordenó una requisa en la TV Pública por los viajes de Adorni
La PSA requisó documentación clave por los viajes del funcionario, mientras la Justicia investiga posibles dádivas y vínculos con la TV Pública.
El escándalo que envuelve al (todavía) jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sumó en las últimas horas nuevos y políticos que lejos están de apaciguar la situación. Mientras la Justicia avanza con medidas para determinar posibles irregularidades en sus viajes privados y oficiales, el funcionario optó por una estrategia confrontativa que no hizo más que mantener viva la polémica.
En el centro de la investigación aparece el viaje que Adorni realizó a Punta del Este junto a su familia, en un vuelo privado que, según declaró el piloto Agustín Issin, fue abonado por el periodista Marcelo Grandío, con quien mantiene una relación cercana. Esta revelación encendió las alarmas en los tribunales de Comodoro Py, donde el juez Ariel Lijo ordenó avanzar con medidas para esclarecer si existieron dádivas o beneficios indebidos.
En ese marco, la Policía de Seguridad Aeroportuaria se presentó en la TV Pública con un oficio judicial para requisar documentación vinculada a las contrataciones de Grandío y su productora. La medida busca determinar no solo los montos percibidos, sino también las condiciones laborales, los registros de asistencia y los mecanismos de control, en un intento por establecer si existió una estructura de privilegios incompatible con la función pública.
La hipótesis que maneja la fiscalía apunta a un claro intercambio de favores: el financiamiento del vuelo habría sido una contraprestación por contratos con la emisora estatal, que depende del área bajo la órbita del propio Adorni. Aunque Grandio aún no fue citado a declarar, el juez también requirió informes sobre su situación fiscal, ampliando el alcance de la investigación.
A este frente se suma otra causa que tramita el juez Daniel Rafecas, vinculada al uso del avión presidencial para un viaje a Nueva York junto a su esposa, Bettina Angeletti. La reiteración de episodios similares profundiza las dudas sobre los criterios de utilización de recursos y vínculos personales en la gestión del funcionario.
Un intento fallido de cerrar el tema
Lejos de ofrecer claridad, la conferencia de prensa que Adorni brindó en Casa Rosada terminó por agravar el escenario. Con un tono marcadamente altanero, el jefe de Gabinete evitó responder de manera concreta sobre el origen de los fondos utilizados en sus viajes y se escudó en la existencia de una investigación judicial en curso.
“No tengo nada que esconder, mi patrimonio lo construí antes de entrar al Gobierno”, sostuvo, al tiempo que remarcó que no daría explicaciones públicas porque podría “entorpecer” la causa. Sin embargo, la falta de precisiones contrastó con la gravedad de las sospechas y con el reclamo social de transparencia.
El momento más tenso se produjo cuando el periodista Nicolás Gallardo le consultó si no consideraba necesario brindar al menos una explicación básica. La reacción de Adorni fue inmediata y virulenta: no sólo descalificó la pregunta, sino que acusó al cronista de mentir y le exigió disculpas públicas.
“Vos sos tan solo un periodista, no sos un juez”, disparó el funcionario, en una frase que sintetiza el tono de una intervención más orientada a la confrontación que a la rendición de cuentas. Acto seguido, dio por terminada la conferencia y se retiró del lugar.
Entre la soberbia y las sospechas
El episodio dejó expuesta una contradicción difícil de esquivar: quien durante meses construyó su discurso público señalando el uso del dinero ajeno y cuestionando privilegios de la política, hoy se muestra reticente a explicar situaciones que lo involucran directamente.
Más aún, su negativa a brindar detalles sobre vínculos personales que podrían tener impacto en la función pública abre interrogantes que exceden lo judicial. La discusión ya no pasa solo por la legalidad de los hechos, sino también por los estándares éticos que se esperan de un funcionario de su rango.
Con la investigación en pleno desarrollo y nuevas medidas judiciales en marcha, el caso Adorni parece lejos de cerrarse. Y su estrategia comunicacional, basada en la confrontación y la descalificación, no hace más que alimentar las dudas que buscaba disipar.




