La economía crece apenas impulsada por sectores que no derraman trabajo
El EMAE mostró una suba leve en enero, sostenida por agro y minería, mientras industria, comercio y consumo siguen en caída y sin generar empleo.
El arranque económico de 2026 dejó una foto ambigua: si bien la actividad mostró un leve crecimiento, los datos confirman que la recuperación continúa siendo débil, desigual y lejos de compensar el impacto del ajuste aplicado durante los primeros años del gobierno de Javier Milei.
Según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) registró en enero una suba del 1,9% interanual y del 0,4% respecto a diciembre en términos desestacionalizados. Sin embargo, se trata de uno de los crecimientos más bajos desde fines de 2024, lo que refleja una clara desaceleración tras los rebotes estadísticos posteriores al ajuste inicial.
Detrás de estos números aparece una tendencia que se consolida mes a mes: una economía que avanza a “dos velocidades”, donde el crecimiento se sostiene casi exclusivamente en sectores primarios o de baja generación de empleo, mientras que los rubros más vinculados al mercado interno siguen en retroceso.
En ese esquema, la actividad agropecuaria volvió a ser el principal motor, con un crecimiento cercano al 25% interanual, seguida por la minería y el sector financiero. Entre estos tres rubros explicaron la mayor parte de la expansión del indicador. No es un dato menor: se trata de actividades con escaso impacto en la creación de puestos de trabajo, lo que limita cualquier efecto positivo sobre el conjunto de la economía.
El contraste aparece al observar los sectores clave para el empleo. La industria manufacturera cayó 2,6% interanual, mientras que el comercio retrocedió 3,2%, consolidando una tendencia negativa que ya lleva varios meses. Entre ambos sectores recortaron de manera significativa el crecimiento total, reflejando el deterioro del consumo y la producción.
A esto se suma el estancamiento de la construcción, que apenas creció 0,5% interanual y todavía se mantiene muy por debajo de los niveles previos al freno de la obra pública. Incluso el rubro de electricidad, gas y agua mostró una caída del 3%, interrumpiendo una breve racha positiva.
Un rebote que no alcanza
Desde el Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo, celebraron los datos y destacaron que la actividad alcanzó un “nuevo máximo histórico”. En la misma línea, el propio Milei replicó el mensaje en redes sociales. Sin embargo, los números muestran que el crecimiento actual se explica más por efectos estadísticos y sectores puntuales que por una recuperación sólida y generalizada.
Distintos análisis privados coinciden en ese diagnóstico. Señalan que el repunte depende en gran medida de exportaciones de recursos naturales, mientras que la industria y el consumo, dos pilares del mercado interno, continúan debilitados. Esta dinámica, advierten, pone un límite claro a la posibilidad de sostener el crecimiento en el tiempo.
El escenario también tiene correlato en el frente social. La caída de los sectores intensivos en empleo ayuda a explicar el aumento de la desocupación registrado en el último tramo de 2025, así como el deterioro del salario real y la persistente debilidad del consumo masivo.
En ese contexto, aunque el EMAE muestra cifras positivas en términos agregados, la economía sigue sin recuperar lo perdido durante el período más duro del ajuste. El desafío hacia adelante no solo pasa por sostener el crecimiento, sino por revertir una estructura cada vez más desequilibrada, donde los beneficios se concentran en pocos sectores mientras la mayor parte de la actividad continúa rezagada.



