Confirman la quiebra de ARSA y 380 trabajadores quedan sin empleo en Buenos Aires y Córdoba
Tras fracasar el concurso preventivo, la firma que producía para SanCor cierra sus plantas en Lincoln y Monte Cristo y profundiza la crisis industrial.
La crisis que atraviesa el entramado productivo argentino sumó en las últimas horas un nuevo capítulo con la confirmación judicial de la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la firma que elaboraba yogures, flanes y postres para la marca SanCor y que deja a casi 380 trabajadores sin empleo en las provincias de Buenos Aires y Córdoba.
La medida, dictada en noviembre de 2025 y ratificada recientemente, puso punto final al concurso preventivo iniciado en abril de 2024, instancia a la que la empresa había recurrido en un intento por reestructurar sus deudas y evitar la liquidación. Sin embargo, la compañía no logró reunir las mayorías necesarias para salir adelante y el proceso derivó en la quiebra.
ARSA producía para SanCor bajo distintas etiquetas, entre ellas Shimy, Sancorito, Sublime, Flanes Caseros SanCor, Vida, Yogs y Primeros Sabores. Su estructura operativa daba cuenta de la magnitud de la firma: contaba con 165 distribuidores y abastecía semanalmente a unos 70.000 comercios en todo el país.
El impacto social es profundo. Cerca de la mitad de los trabajadores se desempeñaban en la planta de Lincoln, en la provincia de Buenos Aires, mientras que el resto trabajaba en Monte Cristo, Córdoba. En la ciudad bonaerense, alrededor de 180 familias quedaron directamente afectadas por el cierre.
La empresa, que había sido adquirida por un holding vinculado al Grupo Vicentin, arrastraba una delicada situación financiera desde 2023, con atrasos salariales, suspensiones reiteradas y deudas con proveedores, transportistas y empleados. Al presentarse en concurso preventivo, ARSA atribuyó su crisis a la caída del consumo, el persistente proceso inflacionario que encarecía insumos y mano de obra, y a políticas del gobierno anterior, entre ellas el control de precios.
El expediente tramita en el Juzgado Comercial 29, donde el magistrado Federico Güerri, en carácter de subrogante, dispuso además la autorización para que otras empresas retiren maquinarias que habían sido cedidas a ARSA mediante distintos contratos, un paso que profundiza el proceso de liquidación de activos. En paralelo, numerosos trabajadores iniciaron acciones judiciales para reclamar el pago de sus indemnizaciones.
La caída de ARSA se inscribe en un escenario más amplio de deterioro del aparato productivo nacional. En los últimos meses se multiplicaron los cierres de pequeñas y medianas empresas y también de grandes empleadores industriales. Uno de los casos más resonantes fue el de FATE, que dejó más de 900 trabajadores sin empleo.
Distintos sectores industriales advierten que las actuales políticas económicas del gobierno de Javier Milei configuran un contexto adverso para la producción local. Señalan un dólar que consideran desfasado y que encarece los costos en moneda dura, una apertura de importaciones que intensifica la competencia externa, el fuerte aumento de tarifas de servicios públicos, con subas significativas en electricidad y expensas. y una persistente pérdida del poder adquisitivo que impacta de lleno en el consumo interno.
Mientras tanto, los rubros que muestran mejores resultados son aquellos con menor capacidad de generación de empleo y mayor grado de concentración, como la actividad financiera, el agro, la pesca y la minería. En contraste, el sector industrial, y particularmente el vinculado a la producción láctea y de alimentos, enfrenta un panorama de retracción que se traduce en cierres, despidos y menor actividad.
En este marco, la quiebra de ARSA no solo representa la desaparición de una empresa con presencia nacional, sino también un nuevo golpe a las economías regionales de Lincoln y Monte Cristo, que ven resentido su entramado laboral y comercial en un contexto ya marcado por la incertidumbre.



