Quilmes deja solo un tercio de los trabajadores de su planta de Zárate
La fábrica fue instalada durante el gobierno de Alberto Fernández, superó la pandemia y la inflación, pero no pudo con las políticas de Javier Milei
La planta que Cervecería y Maltería Quilmes inauguró en 2020 en Zárate para producir en el país la cerveza mexicana Corona atraviesa un fuerte proceso de ajuste, en medio de la caída del consumo y el fuerte incremento de las importaciones, que reducirá la dotación a de personal a apenas un tercio de los 260 operarios con los que llegó a funcionar.
La inversión inicial, superior a los 5.000 millones de pesos de entonces, se concretó durante la presidencia de Alberto Fernández, en un escenario marcado por restricciones externas y políticas de estímulo a la producción local, que favorecieron una apuesta de la tradicional cervecería que apuntaba a sustituir importaciones y fabricar en el país una marca global, fortaleciendo el empleo industrial y la cadena de valor. La planta logró atravesar los años de pandemia y la posterior crisis económica, sosteniendo actividad y puestos de trabajo en un contexto complejo.
Cinco años después, el panorama es otro. Durante el segundo semestre de 2025 ya se habían ejecutado despidos en medio de un desplome de ventas que, según fuentes gremiales, rondó el 45% el año pasado. Ese derrumbe impactó en toda la estructura productiva y empujó incluso a paralizar la producción en la planta central de Quilmes.
Actualmente, de los tres turnos con los que operaba la planta de Zárate, solo quedará uno activo. Se mantendrá la línea de producción en vidrio no retornable, con una dotación sensiblemente reducida. El acuerdo alcanzado con el gremio contempla 60 nuevos retiros voluntarios sobre los 140 trabajadores que permanecen, lo que dejará la nómina en poco más de 80 empleados.
Desde el sindicato cervecero vinculan la crisis a dos factores centrales: la caída del consumo y el fuerte aumento de las importaciones. Horacio Romero, referente gremial en la planta, denunció una importación “indiscriminada” y una “baja importante del consumo de cerveza” como causas determinantes del deterioro del sector. Según un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación (Cien), elaborado sobre estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos, las importaciones de cerveza crecieron 293% en el primer trimestre de 2025.
El dato no es menor. La apertura comercial impulsada por el gobierno de Javier Milei modificó el esquema de protección que había permitido expandir la producción local en años anteriores. Con un mercado interno debilitado y mayor competencia externa, plantas concebidas bajo una lógica de sustitución de importaciones quedaron expuestas a una dinámica distinta, donde el precio del producto importado compite directamente con la producción nacional.
En ese marco, el acuerdo de retiros voluntarios aparece como una alternativa para evitar un escenario aún más drástico. Desde el sindicato señalaron que la negociación se dio ante la posibilidad concreta de freno total de la producción y eventual cierre de la planta. “La idea es seguir manteniendo el envasado de cerveza con una dotación más acotada”, admitió Romero en declaraciones a medios locales.
El caso de Zárate sintetiza una tensión más amplia que atraviesa a distintos sectores industriales: inversiones realizadas bajo un esquema de promoción o resguardo del mercado interno que hoy enfrentan un cambio abrupto de reglas. La planta no solo soportó la pandemia y la crisis económica posterior, sino que logró sostener actividad en un contexto adverso. Sin embargo, en el actual escenario de apertura comercial y retracción del consumo, la viabilidad del proyecto quedó seriamente comprometida.
La reducción de personal a menos de un tercio de la dotación original no es un dato menor para la región ni para la industria cervecera en general. Más allá de la estrategia empresaria, el debate de fondo vuelve a instalarse: qué margen tiene la producción nacional para competir frente a un salto importador de casi 300% en un año y qué herramientas de política industrial existen —o dejan de existir— para sostener empleo y valor agregado en el país. Quilmes se suma asi a los casos de Fate, Galeno ART, Georgalos y otras reconocidas empresas que no están pudiendo sortear las políticas económicas de Milei, engrosando todos los días la lista de desocupados.


