La inflación se acelera y complica el relato libertario
Lejos de estar controlada, la suba de precios impacta con mayor fuerza en rubros básicos como alimentos, ropa, transporte y servicios
Pese al fuerte ajuste que vienen absorbiendo la industria, la producción y, en particular, los trabajadores y jubilados, los datos de inflación muestran una dinámica que empieza a tensionar el relato oficial. Luego de varios meses de desaceleración, los precios exhiben una suba sostenida desde el invierno, con registros mensuales que dejaron de converger claramente a la baja.
El fenómeno es más visible en los rubros de consumo básico. Alimentos y bebidas no alcohólicas, transporte y servicios regulados vienen aumentando a un ritmo igual o superior al promedio general, y en algunos casos con picos claramente por encima del IPC. Esto implica que la inflación impacta con mayor intensidad sobre los sectores de menores ingresos, que destinan una proporción más alta de sus recursos a comida, transporte y tarifas.
En contraste con esta realidad, el gobierno de Javier Milei buscará capitalizar el dato agregado de 2025, que cerró con una inflación del 31,5%, la más baja de los últimos ocho años. Sin embargo, el nivel sigue siendo elevado en términos regionales y su reducción no puede analizarse de manera aislada. Parte de la moderación de precios se explica por la debilidad del consumo interno, que se traduce en caída de ventas, cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo.
El “despegue” económico que promueve el discurso oficial aparece, además, concentrado en pocos sectores. Actividades como la minería y algunos complejos exportadores, entre ellos la soja, muestran buenos indicadores, pero tienen escasa capacidad de generación de empleo directo, bajo efecto derrame sobre el mercado interno y una tendencia estructural a la concentración económica.
La combinación de inflación persistente en bienes esenciales, consumo deprimido y crecimiento sectorial poco inclusivo plantea límites claros al optimismo oficial y reabre el debate sobre la sostenibilidad social del actual esquema económico.
El impacto de los alquileres, muy por encima de la inflación
Uno de los factores que más tensiona el poder adquisitivo es el precio de los alquileres, que en 2025 volvió a crecer por encima de la inflación general. Aunque el INDEC no publica un índice exclusivo de alquileres, la división “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” se ubicó de manera recurrente por encima del IPC promedio, y los relevamientos privados muestran aumentos interanuales de dos dígitos largos, especialmente en los grandes centros urbanos. En CABA por ejemplo, la suba registrada según datos oficiales fue de 45 puntos, casi un 50 por ciento por encima del promedio de la inflación.
El efecto es regresivo y directo: para los hogares inquilinos, el gasto en vivienda absorbe una porción cada vez mayor del ingreso, desplazando consumo básico y profundizando la caída de la demanda interna. En ese contexto, la desaceleración inflacionaria pierde capacidad de traducirse en alivio concreto, ya que uno de los principales costos fijos de las familias evoluciona a un ritmo más alto que el promedio de los precios.
Según estimaciones de consultoras privadas, para los sectores populares y medios bajos no propietarios, el gasto de alquiler y de los servicios básicos se llevan hasta la mitad de los ingresos mensuales de una familia, lo que limita la capacidad de ahorro, profundiza el endeudamiento y aniquila el poder de compra.
Los sectores que más perdieron con el gobierno de Milei
El ajuste económico tuvo un impacto desigual, pero con perdedores claros. Los trabajadores formales e informales vieron deteriorarse su ingreso real por la combinación de salarios que corrieron por detrás de la inflación en bienes esenciales, pérdida de horas trabajadas y mayor precarización. Los jubilados y pensionados resultaron especialmente afectados: la licuación de haberes, sumada a recortes en medicamentos y servicios, profundizó la caída del poder de compra.
También retrocedieron con fuerza la industria orientada al mercado interno, las pymes comerciales y de servicios y los sectores vinculados a la construcción, golpeados por la caída del consumo, el freno de la obra pública y el aumento de costos fijos como tarifas y alquileres. En términos agregados, el esquema favoreció a actividades con baja generación de empleo y alto nivel de concentración, mientras amplios segmentos productivos y sociales absorbieron el costo principal del ajuste.
Pero tanto en materia de pérdida de puestos de empleo como de paritarias a la baja, sin dudas los trabajadores del Estado Nacional vienen siendo los grandes perdedores del modelo libertario. Desde los empleados administrativos de los diferentes organismos, hasta los docentes universitarios, pasando por investigadores del Conicet y personal de carrera de entes descentralizados, la falta de actualización salarial pulverizó el poder adquisitivo de ese sector.






