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Tras 25 años de negociaciones, Europa destrabó el acuerdo comercial con el Mercosur

Tras el aval del Consejo Europeo, el tratado quedó habilitado para su firma en Paraguay, aunque aún deberá superar el debate en el Parlamento Europeo.

Nazareno Napal
09/01/2026
Tras 25 años de negociaciones, Europa destrabó el acuerdo comercial con el Mercosur

El Consejo de la Unión Europea dio este viernes un paso clave al aprobar de manera provisional el acuerdo de libre comercio con el Mercosur, lo que despeja uno de los principales obstáculos para la ratificación del entendimiento negociado por la Comisión Europea con el bloque sudamericano. De concretarse, el tratado habilitaría la conformación de la mayor zona de libre comercio del mundo, con un mercado integrado que podría superar los 720 millones de consumidores.

El respaldo se alcanzó tras una reunión de embajadores en Bruselas y permitió destrabar el procedimiento interno del Consejo, que exige una mayoría cualificada para avanzar. La definición fue posible luego de que Italia modificara su posición inicial y apoyara el acuerdo, un giro que resultó determinante para evitar la formación de una minoría de bloqueo dentro del bloque comunitario.

Ese aval habilita ahora a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a viajar a Asunción para firmar este lunes el acuerdo junto a los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. El paso siguiente será la discusión en el Parlamento Europeo, donde el tratado deberá ser aprobado antes de entrar en vigencia, en un escenario que anticipa fuertes tensiones políticas.

Las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur se iniciaron hace más de 25 años y se cerraron formalmente hace un año, tras meses de intensas gestiones diplomáticas. Para Bruselas, el acuerdo es una pieza central de su estrategia comercial: apunta a abrir nuevos mercados, compensar el impacto de los aranceles impuestos por Estados Unidos y reducir la dependencia de China, especialmente en el acceso a minerales críticos. Alemania y España fueron dos de los principales impulsores del entendimiento.

En términos económicos, el tratado es el mayor acuerdo comercial de la UE en materia de reducción arancelaria. Prevé eliminar unos 4.000 millones de euros en derechos de exportación europeos hacia el Mercosur, donde hoy rigen aranceles elevados, como el 35% para autopartes, el 28% para productos lácteos y el 27% para vinos. El intercambio comercial entre ambos bloques ronda los 111.000 millones de euros anuales, con exportaciones europeas concentradas en maquinaria, químicos y equipos de transporte, y ventas del Mercosur basadas en productos agrícolas, minerales y derivados de la celulosa.

Sin embargo, la iniciativa enfrenta una resistencia persistente, encabezada por Francia, el mayor productor agrícola de la Unión Europea. París sostiene que el acuerdo responde a un contexto económico ya superado y advierte sobre el impacto negativo que podría tener el ingreso de alimentos sudamericanos de bajo costo en el mercado interno. En ese marco, el presidente Emmanuel Macron ratificó el rechazo de su país y aclaró que “la firma del acuerdo no significa el final del proceso”, al tiempo que insistió en que exigirá el cumplimiento estricto de los compromisos para proteger a los productores franceses.

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La postura francesa se da en medio de un clima de fuerte protesta rural. En los últimos días, productores agropecuarios bloquearon accesos clave de París y zonas emblemáticas, con una movilización de alrededor de 100 tractores en la región, en rechazo al avance del tratado con el Mercosur.

Para sumar apoyos entre los países más reticentes, la Comisión Europea incorporó una serie de concesiones. Entre ellas, se destacan las denominadas “cláusulas espejo”, que buscan garantizar que los productos importados cumplan las mismas normas sanitarias y ambientales vigentes en la UE, y la creación de mecanismos de salvaguardia que permitirían frenar importaciones si se detecta un aumento significativo del volumen o una caída de precios en el mercado interno. También se prevé un fondo de crisis y controles reforzados sobre residuos de plaguicidas.

A pesar de estas medidas, Francia y Polonia mantuvieron su voto negativo, mientras que otros países como Irlanda expresaron reparos. Italia, en cambio, pasó de una posición crítica a respaldar el acuerdo luego de que se incluyeran fondos adicionales para el sector agrícola europeo y herramientas específicas de protección.

Con la firma prevista en Paraguay, el acuerdo entra ahora en una etapa decisiva. La discusión en el Parlamento Europeo y la eventual judicialización anunciada por un grupo de eurodiputados anticipan que, pese al avance logrado, el camino hacia la plena entrada en vigor del tratado todavía estará marcado por disputas políticas y sectoriales dentro de la Unión Europea.

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