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Cómo afecta el acuerdo Mercosur–UE a la agroindustria nacional

El acuerdo entre ambos bloques abre un esquema de acceso preferencial al mercado europeo para la mayoría de los productos, pero especialistas advierten que los beneficios estarán atados a las políticas públicas que permitan cumplir con las exigencias del acuerdo.

Andrea Lazaro
09/01/2026
Cómo afecta el acuerdo Mercosur–UE a la agroindustria nacional

Finalmente, la habilitación de los Estados miembros de la Unión Europea para avanzar con la firma del acuerdo con el Mercosur acelera el cierre de una negociación iniciada hace más de dos décadas, que genera expectativas pero también dudas en el campo. La rúbrica final, prevista para la próxima semana en Asunción, Paraguay, daría paso a un marco comercial que establece reducciones arancelarias, cuotas de exportación y reglas de acceso más previsibles para los productos agroindustriales del bloque.

Un informe conjunto de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Fundación INAI (Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales) detalla que la Unión Europea otorgará beneficios arancelarios al 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur. En ese esquema, el 84% de los envíos accedería con arancel cero y el resto mediante cuotas o preferencias parciales. El mercado europeo concentra cerca de 450 millones de consumidores y registra importaciones agroindustriales por unos 220.000 millones de dólares anuales, con una participación argentina cercana al 3%.

“El acuerdo abre grandes oportunidades para la inserción externa del Mercosur, en general, y para nuestra cadena agroindustrial, en particular”, señala el documento técnico, que destaca la consolidación de reglas arancelarias y sanitarias que no podrán modificarse de manera unilateral.

Desde el sector privado, Maximiliano Díaz, socio director de Endógena Consultora, planteó que el acuerdo “obliga a pensar nuevas políticas y estrategias si se pretende capturar efectivamente los beneficios que se abren”. En diálogo con medios especializados, explicó que la apertura europea en productos agrícolas responde a una estrategia más amplia de la UE para ganar espacio en sectores industriales y tecnológicos en la región.

En términos productivos, el complejo sojero aparece entre los principales alcanzados. Según el esquema acordado, la Unión Europea eliminará sus aranceles y, en paralelo, Argentina se compromete a reducir gradualmente los derechos de exportación para los envíos a ese destino. De acuerdo con el cronograma, el tope máximo para la soja exportada a la UE se consolida en 18% a partir del quinto año de vigencia del acuerdo y desciende hasta el 14% en el décimo año.

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“No es solo que Europa baja aranceles; Argentina también se compromete a bajar los suyos”, sostuvo Díaz, al señalar que el impacto puede reflejarse en mejores precios para productos que ya se exportan. El informe del INAI remarca que, por primera vez, un acuerdo comercial fija límites y plazos precisos para los derechos de exportación aplicados por el país a un mercado específico.

Otros productos también aparecen con oportunidades de redireccionamiento de exportaciones. El análisis técnico menciona al poroto de soja y al sorgo, este último con una cuota preferencial para la UE que podría ser cubierta mayoritariamente por Argentina. En el caso de la carne bovina, el acuerdo prevé un aumento progresivo de las cuotas, que en el largo plazo alcanzan unas 100.000 toneladas, con distintos segmentos según tipo de corte.

El capítulo sanitario y fitosanitario es señalado como uno de los ejes centrales para la agroindustria. El acuerdo establece procedimientos, plazos y mecanismos de consulta bilateral que buscan ordenar el acceso al mercado europeo y limitar la aplicación de medidas arbitrarias. “Europa paga mejores precios, pero exige más”, resumió Díaz, al referirse a los requisitos de trazabilidad, controles ambientales y certificaciones.

En ese marco, los informes coinciden en que la implementación del acuerdo exigirá coordinación entre el sector público y privado. Entre los puntos señalados aparecen la definición de prioridades nacionales dentro del Mercosur para la distribución de cuotas, la adaptación productiva a las exigencias ambientales y sanitarias, y el diseño de herramientas financieras y técnicas que permitan la participación de economías regionales.

El documento de la Fundación INAI subraya además el rol del acuerdo como factor de previsibilidad. Al consolidar aranceles, cuotas y procedimientos, el entendimiento limita el uso de restricciones cuantitativas y de mecanismos discrecionales en el comercio bilateral. Para varias cadenas agroindustriales, ese marco estable aparece como uno de los principales efectos del acuerdo.

La firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea abre un nuevo escenario para la agroindustria argentina, con oportunidades comerciales concretas y exigencias operativas definidas. El impacto final, coinciden los análisis, dependerá de las decisiones productivas, regulatorias y políticas que se adopten en el país para integrarse a ese nuevo esquema.

El rechazo de los productores del viejo continente

El avance del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur volvió a generar este jueves un fuerte rechazo entre los agricultores europeos, que consideran insuficientes las concesiones realizadas por la Comisión Europea para amortiguar el impacto del tratado. En los últimos días se registraron protestas y bloqueos con tractores en ciudades y accesos estratégicos de Francia, Bélgica, Alemania y España. Desde Copa-Cocega, la principal organización agraria del bloque, advirtieron que las propuestas oficiales “no abordan la profundidad y urgencia de los retos” que enfrenta el sector.

La presión del campo fue el principal obstáculo político para la firma del acuerdo, pese a que desde Bruselas se lo presenta como una herramienta clave para diversificar exportaciones y reducir la dependencia comercial de Estados Unidos y China. Por esto, para destrabar el respaldo de los Estados miembros, la Comisión propuso adelantar pagos de la Política Agraria Común en el próximo presupuesto, suspender aranceles a fertilizantes y activar salvaguardas ante posibles distorsiones del mercado interno. Italia dio señales positivas tras estos anuncios, mientras que Francia, Polonia y Hungría mantienen su rechazo.

Francia concentra las protestas más intensas, con manifestaciones en París y llamados a nuevas movilizaciones si el acuerdo se concreta. El Gobierno francés condenó los bloqueos, aunque reconoció la legitimidad de los reclamos del sector. España, en cambio, reiteró su apoyo al tratado y lo consideró una oportunidad económica y una señal estratégica en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales y geopolíticas.

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