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Lo barato sale caro

Flybondi: 165 vuelos cancelados y una desconexión entre el modelo Low Cost y la realidad

La empresa, ligada al gobierno libertario, es el máximo exponente de la política de "cielos abiertos", pero su operatividad rompe todos los récords de ineficiencia

Maximiliano Pérez
05/01/2026
Flybondi: 165 vuelos cancelados y una desconexión entre el modelo Low Cost y la realidad

En apenas siete días, Flybondi canceló al menos 165 vuelos y afectó a más de 31 mil pasajeros en plena temporada alta. En una sola jornada llegó a suspender 22 servicios, una cifra que expone con crudeza la fragilidad operativa de la aerolínea que el Gobierno de Javier Milei suele mostrar como emblema del nuevo modelo aerocomercial. La escena se repitió en aeropuertos de todo el país: familias varadas, reprogramaciones que no llegan, mostradores colapsados y una sensación de abandono que se volvió rutina.

Detrás de cada cancelación hay una postal humana. “Nos enteramos por mail, dos horas antes. No había nadie que nos diera una explicación ni una solución”, relató una pasajera que viajaba con sus hijos desde Bariloche. Otro damnificado fue más directo: “Te venden pasajes baratos, pero el riesgo lo pagás vos”.  Una parte sustancial del modelo Low Cost es precisamente la inexistencia de personal para atención al público y la comunicación estrictamente digital.

Desde el sector aerocomercial, el diagnóstico es menos emocional pero igual de contundente. “En una low cost, cuando se cae una pieza del engranaje, se para toda la máquina”, resumió un operador con años en la industria. El modelo funciona con márgenes ínfimos, flota exigida al máximo y casi ningún colchón operativo. Un avión fuera de servicio, una demora en mantenimiento, una tripulación desarmada o incluso el clima bastan para que el sistema colapse. No hay respaldo para absorber contingencias, ya que todo el mecanismo trabaja todo el tiempo al borde del colapso.

Ese límite estructural no es nuevo. Lo que sí resulta cada vez más evidente es el contraste entre la realidad cotidiana y el relato oficial que rodea a Flybondi. Mientras los aeropuertos se llenaban de pasajeros varados, la empresa seguía difundiendo anuncios de expansión: una supuesta inversión de USD 1.700 millones, la incorporación de hasta 35 aviones nuevos (Airbus A220-300 y Boeing 737 MAX 10) y la promesa de una flota renovada entre 2027 y 2030, liderada por el fondo COC Global Enterprise.

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La compañía presenta ese plan como un “hito estratégico”. Habla de eficiencia, tecnología de última generación y nuevos destinos en América Latina y el Caribe. El problema es el presente. Cuesta imaginar una revolución a cinco años cuando la agenda operativa se desarma en una semana.

En ese relato expansivo aparece una figura clave del oficialismo: Daniel Scioli, quien desde hace tiempo abraza la narrativa de los “cielos abiertos”, una política iniciada durante el gobierno de Mauricio Macri y profundizada por Javier Milei. Scioli se reunió en varias oportunidades con el CEO de Flybondi, celebró rutas a Brasil, destacó su participación del 21% del mercado y acompañó anuncios sobre el crecimiento de la flota.

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Hace apenas un mes, volvió a oficiar de anfitrión político de la empresa en un encuentro donde el CEO se comprometió a ampliar un 50% la conectividad aérea de San Juan. Sin embargo, la ola de cancelaciones dejó expuesto el desfasaje entre discurso y realidad. El episodio llegó incluso al terreno familiar: José "Pepe" Scioli, hermano del funcionario, lo chicaneó públicamente en redes sociales, arrobándolo para exhibir —sin comentarios— un tuit que detallaba las deficiencias del servicio de la aerolínea que el Gobierno suele presentar como modelo.

El trasfondo empresarial suma otra capa de complejidad. Flybondi fue adquirida en junio por COC Global Enterprise, un fondo estadounidense encabezado por Leonardo Scatturice. No se trata de un empresario tradicional del negocio aerocomercial. Su nombre comenzó a ganar peso político como articulador entre el oficialismo libertario y sectores de la derecha estadounidense, con vínculos con el universo del trumpismo.

En la Argentina, su cercanía con el círculo más íntimo del Gobierno, en particular con Santiago Caputo, lo ubicó dentro del núcleo de poder que influye en decisiones estratégicas. Esa exposición se amplificó tras un episodio que generó fuerte ruido político: el arribo a Aeroparque de un avión privado vinculado a su entorno familiar, con valijas que, según trascendió, no habrían pasado por los controles habituales de Aduana.

Mientras tanto, en tierra firme, el impacto lo absorben los usuarios. Fuentes del sector advierten que la desregulación sin controles efectivos puede profundizar estos problemas: “El mercado se abre, pero si no hay exigencias operativas claras ni sanciones reales, el ajuste lo paga el pasajero”.

Flybondi no es solo una aerolínea con problemas de puntualidad. Es el reflejo de un modelo que prioriza expansión, relato y cercanía política, aun cuando la estructura operativa no logra sostener la demanda. Para los usuarios, la advertencia es clara: en el esquema actual, el pasaje puede ser barato, pero el riesgo cada vez mas alto.

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#Flybondi#empresas#crisis
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