Comienza el nuevo esquema de bandas cambiarias: ¿funcionará el ancla del dólar?
El Gobierno pone en marcha un régimen que ajusta el dólar por inflación y habilita compras del BCRA, en un contexto de presión sobre reservas, tasas e inflación.
Desde este viernes 2 de enero entra en vigencia el nuevo esquema de bandas cambiarias que ajusta sus límites en función de la inflación, una modificación central dentro del programa económico del Gobierno. La medida busca ampliar el margen de flotación del tipo de cambio oficial y evitar que la acumulación de divisas empuje al dólar contra el techo de la banda, un escenario que en el esquema previo obligaba al Banco Central a vender reservas en lugar de comprarlas.
A diferencia del mecanismo anterior, en el que el piso y el techo se ajustaban a un ritmo fijo del 1% mensual, el nuevo sistema actualiza ambos límites según el último dato de inflación publicado por el INDEC, con un rezago de dos meses. De este modo, el ajuste vigente en enero toma como referencia la inflación de noviembre, que fue del 2,5%. En términos operativos, durante este mes el piso de la banda descenderá gradualmente desde los $915 hasta cerca de $894, mientras que el techo avanzará desde $1.529 hacia valores próximos a los $1.563.
El rediseño del esquema se complementa con el inicio de un programa formal de compras de divisas por parte del Banco Central, incluso cuando el dólar no se acerque al piso de la banda. La autoridad monetaria estableció que su intervención diaria no podrá superar el 5% del volumen operado, hoy equivalente a unos USD 400 millones, con el objetivo de evitar distorsiones abruptas en el mercado. La expansión de la base monetaria, en tanto, acompañará la demanda de dinero y se canalizará principalmente a través de estas compras de dólares, con una proyección de crecimiento desde el 4,2% al 4,8% del PBI hacia diciembre de 2026, consistente con una acumulación de reservas de hasta USD 10.000 millones.
Desde el análisis económico, el nuevo régimen apunta más a reducir la probabilidad de tensiones cambiarias que a provocar un salto en la cotización. Para el economista de ACM, Francisco Ritorto, el esquema “apunta más a bajar la probabilidad de tensiones que a generar un movimiento brusco del dólar”, y agregó que “la idea es darle algo más de previsibilidad al régimen cambiario, con una banda mejor calibrada y compras de divisas que estén alineadas con la demanda de pesos”.
Sin embargo, persisten dudas sobre la dinámica del dólar en el corto plazo. Christian Buteler advirtió que es poco probable que el tipo de cambio “vaya a caer nominalmente”, condición que considera necesaria para que el Banco Central pueda comprar divisas de manera sostenida. “Con un tipo de cambio a 5% del techo de la banda, cualquier demanda extra que se le ponga hace que enseguida llegue al techo y que el Banco Central termine vendiendo, al contrario de lo que necesita hacer”, señaló.
El inicio del nuevo esquema coincide con un enero históricamente sensible para el mercado cambiario. En los últimos días de diciembre se observó una aceleración en la demanda neta de dólares y una fuerte caída de las reservas brutas, que retrocedieron USD 1.718 millones en una sola jornada, con una porción significativa sin explicación oficial.
El frente inflacionario aparece como otra variable clave para evaluar la consistencia del nuevo régimen. El Gobierno mantiene como prioridad la desinflación y apuesta a una expansión monetaria acotada. Ritorto sostuvo que “la señal es que la expansión monetaria va a ser consistente con lo que demande la economía”, mientras que Buteler advirtió que con una inflación en torno al 2% mensual, y con ajustes pendientes en tarifas y combustibles, “es un punto difícil de romper”.
A este escenario se suma la tensión sobre las tasas de interés y la liquidez del sistema financiero. El aumento estacional de la demanda de pesos y la suba de las cauciones llevaron a tasas que llegaron al 140%, en un contexto donde, según PPI, los bancos están agotando sus “pulmones de liquidez”.
En sus lineamientos para 2026, el Banco Central confirmó que continuará con la normalización de los encajes bancarios, aunque aclaró que “mientras la inflación observada se mantenga por encima de la inflación internacional, el BCRA mantendrá un sesgo monetario contractivo”. En paralelo, el mercado sigue de cerca los compromisos financieros del Tesoro: el próximo 9 de enero vencen más de USD 4.200 millones con bonistas privados, un factor que podría volver a presionar sobre el dólar, pese a que el Gobierno asegura que los pagos se realizarán sin inconvenientes.
Con este conjunto de variables en juego, inflación persistente, reservas escasas, tasas elevadas y vencimientos relevantes, el nuevo esquema de bandas marca un cambio importante en la arquitectura cambiaria. La pregunta que queda abierta es si este rediseño será suficiente para sostener la estabilidad, acumular reservas y ordenar expectativas, o si volverá a poner a prueba la capacidad del Gobierno para mantener el ancla cambiaria en un año clave para el programa económico.



