La indefinición de Magario expone las grietas del peronismo en la Legislatura bonaerense
La vicegobernadora aún no juró como diputada, deja una banca vacante y abre un escenario institucional sensible, atravesado por la interna del peronismo bonaerense.
La vicegobernadora bonaerense, Verónica Magario, quedó atrapada en una encrucijada institucional que excede lo personal y expone, una vez más, las tensiones internas que atraviesan al peronismo en la provincia de Buenos Aires. Electa para ocupar una banca en la Cámara de Diputados bonaerense, Magario aún no prestó juramento, una decisión que abre distintos escenarios políticos y reglamentarios con impacto directo en el funcionamiento legislativo.
Los diputados provinciales juraron el pasado 2 de diciembre, con una excepción clave: la propia Magario, que continúa al frente de la Vicegobernación y, por ende, presidiendo el Senado bonaerense. Esta situación genera un primer efecto concreto: en la sesión prevista, el bloque de Unión por la Patria contará con una banca menos en Diputados.
La no asunción de Magario deja en suspenso su escaño y, en consecuencia, impide que se active el corrimiento natural de la lista. En ese orden, quien debería ingresar es Silvina Nardini, dirigente que responde al intendente de Ensenada, Mario Secco. Sin embargo, el reglamento legislativo establece que una banca solo puede reasignarse luego de que su titular acumule tres ausencias consecutivas o cuatro alternadas en el lapso de un mes.
En los hechos, esto implica que el bloque que conduce el camporista Facundo Tignanelli deberá atravesar al menos tres sesiones con un voto menos, en un contexto donde cada número cuenta y las mayorías ajustadas son parte del día a día parlamentario.
El escenario alternativo tampoco está exento de complejidades. Para evitar esta encrucijada reglamentaria, Magario podría optar por pedir licencia como vicegobernadora y asumir su banca en Diputados. Pero esa decisión abriría un problema mayor: al dejar temporalmente la presidencia del Senado, la línea de sucesión establece que quien debería reemplazarla es Carlos Kikuchi, del bloque Unión y Libertad.
La raíz del conflicto está directamente vinculada a la interna del peronismo bonaerense. El Senado aún no logró designar a su vicepresidente, una pieza clave del esquema institucional, justamente por la falta de acuerdo entre los sectores que responden a Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Esa vacante, lejos de ser un detalle administrativo, es uno de los principales focos de disputa política.
Días atrás, la presión del Ejecutivo provincial para quedarse con la vicepresidencia del Senado hizo naufragar un acuerdo tácito que contemplaba que ese lugar quedaría en manos del kirchnerismo, como contrapeso interno. La salida de Luis Vivona, aliado de ese sector, terminó de romper el delicado equilibrio.
Hoy, mientras el kicillofismo impulsa a Ayelén Durán y el kirchnerismo duro promueve al intendente Mario Ishii (con aval del Frente Renovador), la indefinición se traslada a otras áreas, como el caso Magario, que se convierte así en una pieza más de una disputa mucho más amplia.
En ese marco, la decisión de la vicegobernadora no es menor: jurar o no jurar no sólo define su futuro legislativo inmediato, sino que también puede reordenar, o desordenar aún más, el delicado tablero del peronismo bonaerense.




