Con el partido en terapia intensiva, Macri insiste: “Mi analista dice que no fue mi culpa”
Mientras el PRO se desarma y sus dirigentes migran al oficialismo, Macri se deslinda de responsabilidades y atribuye el derrumbe a las ambiciones ajenas.
En la saga interminable de explicaciones sobre el derrumbe del PRO, Mauricio Macri encontró un nuevo protagonista al que responsabilizar: su terapeuta. O, mejor dicho, la tranquilidad que, según él, le ofrece el profesional para asegurarle que “no tuvo nada que ver” con el caos que dejó atrás. Una declaración conveniente para quien todavía preside el partido amarillo, aunque cada semana parezca quedar más solo en el intento.
Lejos de la épica autocrítica que quizá esperaba parte de su tropa, el exmandatario insistió en que la famosa interna de 2023 entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta fue la chispa que encendió la explosión del partido. Intriga saber qué pensará su analista sobre el pequeño detalle de que Macri, en plena contienda, fue quien se encargó de serrucharle el piso al entonces jefe de Gobierno porteño mientras impulsaba en silencio, y a veces no tanto, a la actual ministra de Seguridad.
El final de esa interna es conocido: derrota en primera vuelta y un giro que sorprendió a todos menos a quienes ya olían el desenlace. Bullrich tardó lo mismo que un suspiro en acomodarse en La Libertad Avanza, primero como aliada, después como funcionaria clave, y finalmente como flamante afiliada del espacio oficialista. Un viaje político exprés que dejó al PRO mirando cómo su excandidata se llevaba, uno por uno, legisladores, intendentes y funcionarios de todos los niveles.
Mientras tanto, Macri continúa repasando la historia como si fuera un espectador ajeno, convencido de que todo se trató de un choque de egos entre sus exsocios. Nada tendría que ver él, según su propio relato, con la incapacidad de sostener un liderazgo después de 2019, ni con el progresivo vaciamiento que provocaron las decisiones que él mismo alentó dentro del partido que fundó.
Hoy, la fuerza que alguna vez soñó con volver a gobernar la Argentina se encuentra en un estado vegetativo, consumida entre fugas, silencios y pases directos al oficialismo libertario. Pero para Macri, la historia es sencilla: los problemas del PRO siempre fueron culpa de otros. Y si alguien le pregunta por qué él no pudo evitarlo, siempre podrá recurrir al argumento que parece blindarlo de toda responsabilidad: “mi analista me dice que no”.




