Desde 2023 el sistema científico perdió más de 5 mil puestos y sigue en retroceso
Según un informe del Ciicti, el empleo en ciencia y tecnología cayó casi 7% en menos de dos años, con el Conicet como el organismo más afectado.
Mientras el Gobierno promete impulsar un ambicioso “plan de ciencia y tecnología 2026-2027” (publicado en el Boletín Oficial), los números muestran un escenario totalmente opuesto: el sistema científico argentino atraviesa un proceso de desfinanciamiento y pérdida de personal sin precedentes. Según un informe del Grupo Economía, Política y Ciencia (EPC) del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (Ciicti), en menos de dos años se destruyeron 5.143 puestos de trabajo en el área de ciencia y tecnología.
El estudio, elaborado con datos oficiales del INDEC, detalla que desde diciembre de 2023 las empresas públicas del sector perdieron 711 puestos, mientras que los organismos dependientes de la Administración Pública Nacional (APN) sufrieron una reducción de 4.481 trabajadores. El Conicet encabeza la lista, con 1.912 empleos menos, seguido por el INTI y el INTA. “Todas las fuentes de este informe son oficiales, afirmó Nicolás Lavagnino, del Grupo EPC. Lo elaboramos con los datos que da a conocer mensualmente el Indec en su reporte de dotación de personal de la Administración Pública Nacional, empresas y sociedades”.
El investigador explica que la tendencia comenzó tras la aplicación del llamado “decreto Batakis”, que congeló las incorporaciones al Estado, pero que durante la actual gestión “la planta viene cayendo de manera mucho más acelerada”. En palabras de Lavagnino, “se perdió casi el 7% del empleo del sector, que ya de por sí es bastante pequeño”.
El informe también muestra que el Conicet, que concentra el 35% del sistema científico, fue el más afectado: entre septiembre de 2023 y septiembre de 2025 se eliminaron 1.502 becas y 585 cargos de investigación, lo que equivale a un recorte del 6,9% de su personal. “Es un número muy importante, porque además involucra recursos muy formados”, advirtió Lavagnino. “Se perdieron muchas becas, porque se ofrecen menos y porque, por las razones que todos conocemos, se presenta menos gente. Pero también hay 585 personas menos en la carrera del investigador, personal de apoyo y administrativos. Es mucho, sobre todo tratándose de un organismo nodal”.
La caída alcanza también a otros institutos y empresas públicas: el Banco Nacional de Datos Genéticos redujo su plantilla un 29,8%, el Instituto Nacional del Agua, un 27,4%, y el INTI, un 25%. En el sector empresarial, Fadea, Dioxitek, VENG y Arsat perdieron entre el 16% y el 24% de su personal. “No todos son despidos, como ocurre en el INTA y el INTI –aclara Lavagnino–, sino un proceso gradual, podría decirse ‘molecular’, de investigadores que deciden irse porque el nivel de salarios y las condiciones de trabajo son insostenibles”.
El especialista anticipa que la situación podría agravarse: “Esta película no terminó, y menos con el contexto político que se ve venir”. En ese marco, subraya la contradicción entre los anuncios oficiales y la realidad presupuestaria: mientras el nuevo plan estratégico prioriza áreas como la biotecnología, la actividad nuclear y la espacial, son precisamente esas las que más se están achicando. “¿Con quién piensan ponerlo en práctica?”, se pregunta Lavagnino, sintetizando una inquietud que recorre hoy todo el sistema científico argentino.






