Gremiales
Futuro en disputa

La CGT define nuevas autoridades con la presión de dejar la pasividad frente al Gobierno

En Obras Sanitarias, la central obrera debate su rumbo entre el diálogo con Milei y la exigencia interna de retomar la confrontación y defender derechos laborales.

Nazareno Napal
05/11/2025
La CGT define nuevas autoridades con la presión de dejar la pasividad frente al Gobierno

A partir de las primeras horas de este miércoles, la CGT se prepara para un Congreso que definirá su futuro político y sindical, pero también pondrá sobre la mesa su mayor dilema interno: ¿continuar con una estrategia dialoguista frente al Gobierno de Javier Milei o asumir un rol más combativo ante una agenda oficial que incluye una reforma que recorta derechos laborales? La acreditación comienza a las 9 en el Club Obras Sanitarias, donde más de 2.000 congresales de 210 sindicatos buscarán un acuerdo que evite una fractura en la central obrera.

El clima previo al cónclave está marcado por tensiones acumuladas y señalamientos explícitos contra la conducción actual, acusada por sectores críticos de “cuidar el atril” y de mantener una postura contemplativa frente al Gobierno libertario, incluso cuando se avanza sobre conquistas históricas del movimiento obrero. De un lado, los gremios de mayor peso (los llamados Gordos e Independientes) apuestan a mantener una línea de diálogo con la Casa Rosada. Del otro, sindicatos más combativos y de menor volumen, pero con alto nivel de movilización, exigen dar un giro drástico y enfrentar abiertamente las políticas oficiales.

En ese marco, la disputa por el modelo de conducción refleja la discusión de fondo. Mientras los sectores dialoguistas dejaron circular nombres para un posible triunvirato, los críticos buscan romper ese esquema y definir una conducción fuerte, con una única figura al frente. “Nosotros somos afines a que haya un solo secretario general. El triunvirato fue una transición. En caso de una votación, vamos a votar por el unicato”, sostuvo Sergio Palazzo, secretario general de La Bancaria, dejando claro cuál será la batalla política en el congreso.

El debate se potenció tras el triunfo libertario del 26 de octubre, que alteró todos los planes previos. Lo que se proyectaba como una conducción alineada a un eventual gobierno más golpeado, con un peronismo en remontada, quedó sin sentido y ahora las decisiones se reconfiguran entre la necesidad de sostenimiento institucional y la urgencia de enfrentar una agenda que podría modificar de manera estructural las reglas laborales. “Algunos pretenden priorizar el diálogo por sobre el conflicto pero nadie negocia con débiles. En este contexto la confrontación es indispensable”, advirtió Pablo Biró, referente de los Pilotos, en una frase que sintetiza la posición más combativa.

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En paralelo, sectores del sindicalismo presionan para avanzar en una plataforma programática clara, que recupere el rol histórico de la CGT como motor de defensa del trabajo y del poder adquisitivo. “Es preciso discutir la deuda que produjeron los gobiernos de Macri y ahora de Milei, porque de no haber una estrategia que la frene no se podrá generar un proyecto de desarrollo industrial. Se van a hipotecar 20 generaciones y por eso este es un tiempo de rebeldía”, alertó Abel Furlán, de la UOM, quien además se perfila para ocupar la Secretaría Gremial.

A esas tensiones se suma otra discusión de peso: la representatividad femenina dentro de la cúpula. Aunque sectores de trabajadoras reclamaron un lugar en el triunvirato, hasta última hora no estaba garantizada la presencia de una dirigente mujer en la mesa de mando, pese a que nombres como el de Maia Volcovinsky circularon en las negociaciones. También habrá disputa por secretarías estratégicas, con Sanidad quedándose con Interior, SMATA con Industria y el regreso de históricos como Armando Cavalieri.

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Mientras tanto, gremios más chicos y organizaciones movilizadas miran de reojo el Congreso y advierten que si la CGT continúa con su perfil negociador sin dar respuesta ante la ofensiva del Gobierno, podrían acelerar su distanciamiento. La pregunta de fondo que atraviesa a la central es si saldrá de Obras Sanitarias con la decisión de acompañar, o al menos no obstaculizar, las reformas laborales y económicas del oficialismo, o si asumirá finalmente el rol histórico que demanda parte de su base: ser muro de contención y herramienta de lucha frente a un modelo que, según advierten, amenaza los derechos de los trabajadores. El movimiento obrero, en su cita más decisiva de los últimos años, deberá elegir qué CGT viene: una dispuesta a confrontar o una que opte por transitar la negociación aun en tiempos de ofensiva contra el sector que representa.

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