El falso consenso: Milei solo negocia con quienes se arrodillan
El mandatario dejó afuera a los representantes de casi 20 millones de argentinos y argentinas
La reunión con gobernadores realizada este jueves pretendió inaugurar una nueva etapa para el gobierno de Javier Milei, en línea con el pedido concreto de los Estados Unidos de recuperar el diálogo con las provincias, que son, en definitiva, las que tienen el control jurisdiccional sobre el litio, las tierras raras, los hidrocarburos y otros recursos que están en la mira del gobierno de Donald Trump, más allá de los intereses financieros que representa Scott Bessent.
Tras el encuentro, el mandatario hizo su habitual visita a los medios de comunicación amigos para brindar detalles de las negociaciones que se pusieron en marcha y plantear a cielo abierto los principales argumentos de la reforma laboral, principal objetivo de la gestión que se puso sobre la mesa en el mítin con gobernadores y que tendría el visto bueno de la mayoría, lo que garantiza los números en el Congreso para poder avanzar sin sobresaltos.
Pero a pesar del intento de Milei de mostrarse equilibrado y no explotar con su habitual euforia violenta tras el contundente triunfo que obtuvo en las elecciones del domingo pasado, y aún con buenos modales, la intolerancia afloró cuando tuvo que explicar porque hubo cuatro mandatarios que no fueron invitados a participar de la reunión.
“No se puede hablar con alguien a quien 2 más 2 no le da 4”, disparó el Presidente para referirse a Axel Kicillof, Ricardo Quintela, Gildo Insfrán y Gustavo Melella, los mandatarios provinciales más claramente opositores a su gestión. Todos ellos habían adelantado, incluso antes de las elecciones, que no acompañarían aventuras de reformas laborales y previsionales que perjudicaran a trabajadores y jubilados, como la reducción de salarios, la eliminación de indemnizaciones por despido o el aumento de la edad jubilatoria, además del recorte de haberes a quienes ingresaron al sistema por moratoria.
Las cuatro provincias mencionadas representan más de 19 millones de personas en total, en un país con unos 45 millones de habitantes. Es decir, el 42% de la población argentina no estuvo representado en la mesa de negociación que propuso la gestión libertaria. En lugar de brindar una explicación racional, el presidente solo reconoció que el diálogo está abierto únicamente con aquellos dirigentes “permeables” a sus proyectos de ajuste —por no decir, dispuestos a alinearse de manera incondicional—, como ya lo hicieron algunos gobernadores peronistas, entre ellos Jaldo (Tucumán), Jalil (Catamarca) y Sáenz (Salta).
Milei no busca diálogo ni acuerdos: busca sumisión. Pretende una nueva demostración de obediencia por parte de los mandatarios provinciales, similar a la que mostraron al inicio de su gestión cuando aportaron los votos necesarios para blindar el DNU 30/23 y aprobar la Ley Bases, dos verdaderos esperpentos jurídicos que modificaron más de 300 normas de un plumazo, sin que ninguno de los gobernadores se escandalizara por el impacto que esas medidas tendrían en sus propios territorios.
En aquella oportunidad, la oposición —casi una resistencia— provino justamente de las cuatro provincias que no fueron invitadas este jueves, a las que tal vez se podría sumar La Pampa, que entonces no se alineó de manera automática. El apoyo de los demás mandatarios no era incondicional, sino que respondía a la promesa de reactivar la obra pública y liberar fondos nacionales destinados a presupuestos provinciales en áreas clave como seguridad, educación y salud. Pero los recursos nunca llegaron, las obras siguieron paralizadas y, lentamente, los gobernadores “adictos” comenzaron a tomar distancia del gobierno libertario. Incluso algunos llegaron a ilusionarse con una reunificación del peronismo, hoy fragmentado en todo el país.
Vale decir que los únicos que se mantuvieron firmes en sus posiciones desde el inicio del gobierno de Milei fueron, precisamente, Kicillof, Quintela, Insfrán y Melella, los cuatro que no fueron invitados a la reunión, aunque representan a casi la mitad de la población argentina. Una vez más —como cuando rechazó la inversión de 30 mil millones de dólares para la planta de GNL en Bahía Blanca—, Milei elige darle la espalda al pueblo para castigar políticamente a quienes no se alinean con su política de ajuste. Una vez más, aunque ahora con mejores modales, muestra su intolerancia y su incapacidad para el diálogo, y deja en evidencia que no hay un plan de gobierno, sino un plan de negocios destinado a que unos pocos acrecienten sus ganancias a costa de trabajadores, jubilados, desocupados, personas con discapacidad y estudiantes, solo por mencionar a algunas de las víctimas de esta gestión.



