Los gobernadores vuelven a tocar timbre en Balcarce 50 después del golpe electoral
Con el impulso electoral y más peso en Diputados, Milei busca apoyo para sus reformas mientras los mandatarios, tras su propio revés, regresan al diálogo por necesidad.
Con el envión del resultado nacional y una bancada en Diputados más robusta, aunque lejos de la mayoría propia, Javier Milei vuelve a abrir las puertas de la Casa Rosada a los gobernadores. O, más bien, vuelve a llamar a quienes hace pocos meses trataba de enemigos públicos del ajuste y “casta que sabotea el cambio”. Este jueves, desde las 17, el Presidente encabezará un encuentro con entre 15 y 20 mandatarios provinciales para negociar el apoyo a sus dos obsesiones para la segunda etapa del mandato: la reforma laboral y la impositiva.
La escena se presenta como un retorno al “diálogo institucional”. En los papeles, claro. Porque el oficialismo no disimula que el objetivo es surfear el impulso electoral y capitalizarlo en el Congreso antes de que la espuma baje. Con casi 100 diputados propios y convertido en primera minoría, el Gobierno se prepara para traducir votos en capacidad de presión. No habla de concesiones, sino de “acuerdos” para acompañar un paquete legislativo que aún ni siquiera está redactado (un detalle casi menor para una fuerza que viene improvisando decretos y mega leyes en cadena desde que pisó Balcarce 50).
Los interlocutores elegidos tampoco son casuales. En la lista figuran gobernadores de Provincias Unidas, radicales sueltos, mandatarios provinciales y peronistas distanciados del kirchnerismo. Todos integrantes del club que durante el primer año se mostró dispuesto a “poner el hombro”, hasta que el ajuste eterno, los vetos selectivos y los recortes discrecionales a las provincias hicieron que el romance institucional se volviera terapia de pareja.
“Vamos a acompañar todo lo que entendamos que está bien”, aclaró el santafesino Maximiliano Pullaro (uno de los que más sufrió la derrota electoral), antes de marcar la cancha: “No podemos tener la carga tributaria que tiene hoy la República Argentina”. Traducido: apoyo sí, siempre y cuando no vuelvan a dejarnos sin fondo y sin obra pública.
La derrota electoral de Provincias Unidas también puso su cuota de realismo. Aquella lista de gobernadores que fantaseaba con ser la “tercera vía” entre el peronismo fragmentado y el libertarismo furioso, terminó sin diputados en Buenos Aires y con un golpe de realidad nacional. Lo que en campaña fue autonomía discursiva, hoy se transformó en necesidad urgente de mostrar gobernabilidad y retomar el lugar de aliado responsable. Algunos mandatarios lo admiten entre dientes: bajar el tono, acomodar el discurso y volver a tocar timbre en Casa Rosada es la única foto posible ahora.
Del lado libertario, la apertura al diálogo tampoco nace del repentino descubrimiento del republicanismo. La indicación vino desde más arriba (y más al norte): el FMI y el Tesoro de Estados Unidos vienen exigiendo “mayor musculatura institucional” para avanzar con las reformas estructurales. Dicho en un idioma menos diplomático: gobernabilidad. Traducido al lenguaje doméstico: dejar de incendiar puentes si se pretende aprobar cambios que vienen promoviéndose desde el primer día, pero que hasta ahora chocaron con la resistencia social y política.
Asimismo, el Gobierno espera que la CGT rechace la reforma laboral (su dirigencia ya avisó que no acompañará “retrocesos ni pérdida de derechos”) y apunta a tejer una alianza legislativa con mandatarios provinciales como contrapeso. El triángulo institucional se completa con el Consejo de Mayo, donde conviven funcionarios, empresarios, sindicalistas y legisladores aliados. Ese espacio deberá entregar en diciembre un informe final para que Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, lo transforme en proyectos de ley. O al menos ese es el plan oficial.
En la lista de invitados aparecen Jorge Macri (CABA), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Pullaro (Santa Fe), Martín Llaryora (Córdoba), Ignacio Torres (Chubut), Gustavo Valdés (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy), Hugo Passalacqua (Misiones), Gustavo Sáenz (Salta), y Raúl Jalil (Catamarca), entre otros. También Sergio Ziliotto (La Pampa), una sorpresa en la convocatoria: el peronista había sido ubicado entre los “irrecuperables”, hasta que la aritmética parlamentaria obligó a flexibilizar criterios ideológicos.
¿Quiénes quedaron afuera? Axel Kicillof (Buenos Aires), Gildo Insfrán (Formosa), Ricardo Quintela (La Rioja) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego). “Tiene ideas totalmente diferentes a las nuestras”, justificó Guillermo Francos al referirse al bonaerense, que en más de una ocasión solicitó, con micrófonos abiertos, ser convocado por el Ejecutivo para acercar partes y discutir en pos del bienestar de la sociedad argentina.



