Cuando los discursos oficiales avalan la violencia: la peligrosa visión de Patricia Bullrich sobre el feminismo
Mientras los femicidios aumentan en Argentina, Bullrich responsabiliza al feminismo, relativizando la violencia machista y revictimizando a las mujeres.
La violencia contra las mujeres en Argentina atraviesa niveles alarmantes. Solo en los primeros 17 días de octubre se registraron 14 femicidios, un transfemicidio, 14 intentos de asesinato y decenas de denuncias por acoso, amenazas y violencia física hacia mujeres y personas LGBTIQ+. Mientras las organizaciones sociales reclaman políticas efectivas, algunos discursos políticos parecen más interesados en justificar que en prevenir.
En ese contexto es que Patricia Bullrich, ministra de Seguridad y candidata a senadora nacional por La Libertad Avanza, sorprendió (o no) con declaraciones en el canal de streaming de ultra derecha Carajo, donde sostuvo que la ola de femicidios es consecuencia del “feminismo extremo”. “Si lo que vos hacés es generar una idea de que estás empoderada y sos capaz de pisotear a cualquiera, sea hombre, tu padre o tu madre; si a alguien lo pisoteás, finalmente lo que termina pasando es que te viene en contra”, afirmó la funcionaria. Además, agregó que “el desequilibrio que se generó con el feminismo extremo lleva a situaciones donde la violencia es tan fuerte que termina destruyendo a la misma persona que genera esa lógica”.
Las palabras de Bullrich no sólo contradicen la evidencia: los femicidios en aumento muestran la sistematicidad de la violencia machista, muchas veces con motivaciones de control, odio o supremacía de género, sino que también representan una peligrosa inversión de responsabilidades. Mientras las mujeres y disidencias buscan derechos y protección, la ministra las responsabiliza de su propia victimización.
Organizaciones feministas y observatorios especializados denuncian que discursos de este tipo no solo son desacertados, sino que avalan y naturalizan la violencia. La organización Mumala, por ejemplo, informó que entre el 1 de enero y el 13 de octubre de 2025 se cometieron 196 femicidios, lo que equivale a un asesinato de una mujer cada 35 horas. Los casos recientes como los femicidios de Luna Giardina y Mariel Zamudio, el triple narcofemicidio o de Adriana Velézquez y su hija en Bahía Blanca, muestran además una brutalidad premeditada y extrema, muy lejos de cualquier noción de “feminismo descontrolado”.
El canal donde Bullrich eligió expresar su postura, conocido por alojar discursos misóginos, xenófobos y de apología a la represión social, añade una dimensión inquietante. No se trató de un descuido en un comentario casual, sino de una declaración deliberada en un espacio ideológico afín a mensajes de odio.
Expertos señalan que invertir responsabilidades y culpabilizar a quienes sufren violencia refuerza patrones de machismo estructural. Discursos oficiales que relativizan la gravedad de los femicidios y responsabilizan a las víctimas retrasan la implementación de políticas públicas efectivas y ponen en riesgo a quienes denuncian o buscan protección.
En un país donde los femicidios crecen y los recursos para asistencia y prevención han sido desfinanciados, las palabras de una ministra de Seguridad no son inofensivas. Cada declaración que justifica la violencia machista erosiona la confianza social, invisibiliza el dolor de las víctimas y perpetúa la impunidad. Mientras la sociedad exige medidas concretas, algunos discursos oficiales parecen decididos a mantener el statu quo de miedo y vulnerabilidad.



