"Los muertos de Plaza de Mayo": El libro que reconstruye la vida de las víctimas de 1945, 1953 y 1955
El historiador presentó en La Plata "Los muertos de Plaza de Mayo: 1945, 1953 y 1955". En diálogo con Código Baires cuenta la cocina de esta profunda y larga investigación que busca devolver identidad y biografía a quienes fueron reducidos a números.
El historiador Héctor De Arriba presentó este jueves en la Comisión Provincial por la Memoria su libro Los muertos de Plaza de Mayo: 1945, 1953 y 1955, resultado de más de cuatro años de investigación, este trabajo es el primero en "reconstruir y revisar la historia" de centenares de víctimas de tres atentados que inauguraron uno de los procesos más oscuros de la historia argentina que terminó con el exilio del general Juan Domingo Perón. Primer libro en "ponerle vida a esos nombres y apellidos que están en una placa o un listado", contó el investigador.
"La idea original era identificar a las víctimas del bombardeo de Plaza de Mayo, del 16 de junio de 1955. Pero al avanzar me di cuenta que había un proceso histórico más amplio y decidí limitarlo a una década, de 1945 a 1955", explicó De Arriba a Código Baires; e indicó que esa delimitación temporal abarca tres momentos claves. Los dos muertos en la madrugada del 18 de octubre de 1945, tras la desconcentración de la jornada que se conoció como el 17 de octubre; los seis fallecidos por las bombas del 15 de abril de 1953 durante un acto de la CGT; y las centenares de víctimas de los ataques aéreos del 16 de junio de 1955.
El libro, de 378 páginas, se apoya en actas de defunción, registros civiles, hemerotecas, archivos de cementerios y testimonios de familiares directos y colaterales de las víctimas. "El objetivo fundamental fue saber que detrás de cada nombre y apellido hubo un ser humano: una identidad social, laboral, familiar, estudiantil o empresarial. El frío número no refleja que murieron seres humanos", señaló el también docente.
Asimismo, contó que la investigación atravesó incluso la pandemia, algo que lo obligó a buscar nuevas estrategias. "Al no poder ir a bibliotecas, recurrí a redes sociales, guías de teléfonos y correos electrónicos. Muchas veces llamaba a familias y me respondían sorprendidos: ‘Nunca nadie nos llamó’. Cuando comprendían mi interés, me daban relatos orales y hasta fotos o documentos. Para ellos era una sorpresa que alguien quisiera rescatar la memoria de sus parientes".
El resultado fue un trabajo que reconstruye biografías. "Por primera vez se pregunta qué hacían en la plaza, cuál era su edad, su nacionalidad, si estudiaban, si eran comerciantes o trabajadores. Todo lo que pude colectar quedó reflejado, salvo la información íntima que las familias prefirieron reservar", contó.
Víctimas olvidadas y silencios prolongados
De Arriba también buscó explicar por qué estas muertes quedaron relegadas. Recordó que tras el 17 de octubre de 1945 fallecieron dos jóvenes: Darwin Passaponti, estudiante de 18 años, y Francisco Ramos, jornalero de 21. “Al primero Perón lo reconoció años después en una carta a su padre. El segundo quedó en el anonimato”, afirmó.
Respecto al 15 de abril de 1953, subrayó que recién en 2023, setenta años después, se colocó una placa en homenaje a las seis víctimas, entre las que había tres trabajadores del subte, un taxista brasileño, una jubilada textil de 84 años y un sindicalista de la madera. La placa fue instalada por el sindicato de subte por sus tres afiliados pero, remarcó, "fueron 70 años de silencio".
El caso de 1955 presenta aún mayores dimensiones. "El término ‘bombardeo de Plaza de Mayo’ es incorrecto: la Marina de Guerra no fue a atacar la plaza, sino a asesinar al presidente constitucional. Se bombardeó la Casa de Gobierno, la CGT, la Policía Federal, hubo ataques en la Avenida Paseo Colón, en Recoleta, y hasta sobre manifestaciones que venían de La Matanza".
A pesar de la magnitud, nunca se publicó un número oficial de víctimas. "Perón habló de centenares al día siguiente, y luego en el exilio mencionó 500, pero jamás hubo una cifra reconocida. En cambio, el gobierno surgido del golpe de septiembre del 55 instaló otra narrativa: las quemas de iglesias. Así se enseñó en las escuelas secundarias hasta los años 90".
Recién a fines del siglo XX, puntualmente en la década del 90', familiares de víctimas comenzaron a impulsar homenajes. "Primero se inauguró una placa en la CGT con nombres de fallecidos en 1955; luego, en 2009, el tótem Del cielo los vieron venir, de Nora Patrich, detrás de la Casa Rosada. Más tarde aparecieron publicaciones oficiales, pero siempre con listados de nombres, sin biografías", repasó el historiador.
En ese marco, De Arriba sostuvo que su aporte es "dar un paso más en la reconstrucción de la memoria: poner vida a esos nombres y apellidos que aparecen en placas o monumentos, pero sin identidad".
Además, el trabajo también requirió un acuerdo legal con el Archivo Nacional de la Memoria para proteger datos familiares. "Ciertos aspectos íntimos quedaron reservados. Pero lo central está: se trata de devolver humanidad a quienes fueron víctimas de enfrentamientos políticos y de violencia armada, y que durante décadas quedaron reducidos al silencio o a un número".
Por último, De Arriba recalcó que el libro busca romper con la indiferencia estadística. "Murieron dos, murieron seis, murieron 296 en junio del 55. Pero no son cifras: son existencias truncas, con proyectos de vida. Detrás de cada nombre hay un rostro y una historia. Eso es lo que quise rescatar".
Con Los muertos de Plaza de Mayo, el historiador e investigador independiente de la Biblioteca Nacional Argentina propone un relato que entrelaza memoria individual y colectiva, y coloca en el centro a las víctimas de tres hechos que marcaron el derrotero de la política argentina en el siglo XX.



