Ecos de bastonazos: del 66 al presente, el ataque a la universidad se reiventa
Carlos Ciappina recordó La Noche de los Bastones Largos y advirtió que la lógica de ataque a la universidad persiste hoy bajo nuevas formas, como el ajuste.
A 59 años de La Noche de los Bastones Largos, Carlos Ciappina, profesor de historia en la Universidad Nacional de La Plata, trazó un paralelo entre la represión violenta que vivieron las universidades durante la dictadura de Juan Carlos Onganía y el presente de desfinanciamiento y hostilidad hacia el sistema universitario bajo el gobierno de Javier Milei. En diálogo con Código Baires, calificó la efeméride como "un aniversario triste de la Argentina", porque “un 29 de julio, pero de 1966, el gobierno de Onganía decidió terminar con la autonomía universitaria” mediante una represión que "fusionó la represión física con lo que era el verdadero objetivo, que era la represión del pensamiento, de la mirada crítica”.
Ciappina remarcó que la intervención a las universidades no fue un hecho aislado, sino el resultado de un proceso que respondía a una lógica doctrinaria: “Puntualmente en este caso [...] se dio en particular en el contexto de la década del 60 y las dictaduras llamadas de la doctrina de la Seguridad Nacional”. Según explicó, Onganía había derrocado al presidente Arturo Illia un mes antes, y en apenas 30 días ya había intervenido todas las universidades nacionales bajo el argumento de que eran “un espacio de agitación comunista”.
Las consecuencias de aquella represión fueron inmediatas y profundas: “La Universidad de Buenos Aires fue la más castigada [...]. Usó su arsenal de bastones, gases lacrimógenos, castigó a decanos, rectores, profesores, estudiantes, no docentes, fueron encarceladas 400 personas”. Aquella represión derivó en una masiva renuncia de docentes y autoridades, y en el inicio de lo que se conoció como “fuga de cerebros”. “Muchos titulares de cátedra que se hartaron de la dictadura no solo renunciaron, sino que emigraron, particularmente a México, Francia y Estados Unidos”, recordó.
La dictadura no logró su objetivo de despolitizar las universidades, sino todo lo contrario. “En vez de reducir la politización universitaria, lo que hizo fue radicalizarla. Efectivamente surgen nuevas agrupaciones, sobre todo de izquierda, también de peronismo. Uno podría decir que es una paradoja, no la única de nuestra historia, que lo que quiso hacer Onganía [...] fue politizarlas diez veces más”.
También destacó el rol que jugaron otras casas de estudio, más allá de la Universidad de Buenos Aires: “En La Plata también hubo una intervención, pocos docentes renunciaron, pero hubo claramente una resistencia”, y remarcó que “las universidades estuvieron ese año 66 prácticamente hasta octubre, noviembre, sin funcionar, entre asambleas, huelgas, bastonazos”. En Córdoba, el conflicto llegó a un punto extremo: “Se va a producir la primera muerte de un estudiante universitario, Santiago Pompillón, precisamente en una marcha de silencio, en septiembre del año 66. Allí la policía abrió fuego con balas de verdad”.
¿Reflejo de la actualidad?
Al ser consultado sobre los paralelismos con el presente, Ciappina fue contundente: “Hoy también están en entredicho las universidades nacionales, de otro modo, por ahora no de un modo violento, pero sí están en entredicho sus funciones, sus acciones”. Denunció que “la intención de desfinanciarla bajo el argumento de que son instituciones que están dominadas por los zurdos empobrecedores está recontra presente”.
Para el historiador, el discurso oficial actual comparte la lógica de los regímenes autoritarios: “Hay una remake de esa búsqueda de la famosa despolitización universitaria, que es como si pudiera separarse la política de cualquier ámbito, cuando respiramos política todo el tiempo. Hay una violencia impulsiva en el caso de las universidades y otras áreas culturales muy profundas, muy repulsivas, en cómo se expresan las máximas autoridades de la nación”.
En ese marco, Ciappina advirtió sobre un pensamiento totalitario que excede a las dictaduras: “El pensamiento totalitario no es solamente el de las dictaduras, es todo aquel pensamiento que no admite otra cosa que la expresión de lo propio. Y eso es precisamente lo opuesto a la universidad. Y eso es lo que molesta ayer, hoy y seguramente a futuro”.
Ya en referencia directa a la gestión del presidente Javier Milei, el docente explicó que “el actual gobierno ha tenido hacia la universidad la misma lógica que hacia el resto de las organizaciones: los jubilados, los médicos, los hospitales, el Garrahan”. Si bien valoró que la movilización universitaria logró frenar algunos embates iniciales, alertó que “hay otros métodos de ataque a la universidad. El principal de todos, el central, es el presupuestario”.
Según detalló, “todos los que somos docentes de las universidades públicas sabemos que estamos cobrando lo mismo que hace dos años atrás”. Para graficarlo, ironizó: “Si alguien me puede mostrar un ticket de supermercado de hace dos años atrás a hoy con los mismos productos, el INDEC va a tener que revisar su mecanismo de establecimiento de la inflación”.
Pese a ese panorama, encuentra algunos indicios positivos: “Hay una vocación muy fuerte primero de lucha. Hay mucho más acuerdo entre las organizaciones estudiantiles, las no docentes y las de profesores, en estos días que años atrás. Y eso es alentador en el sentido de poder protestar en forma conjunta”.
No obstante, concluyó con una advertencia: “Claramente hay un intento de estangulamiento de la universidad en base al no incremento presupuestario. Y eso va siendo cada vez un problema mayor para todas y todos”.



