Desregulación total: importar curitas, jeringas o envases de alimentos ya no requiere controles
La ANMAT eliminó requisitos para importar productos médicos y baja aranceles a alimentos, en medio de críticas por falta de controles.
En un contexto de creciente liberalización estatal, donde la velocidad del comercio parece imponerse a la cautela sanitaria, el Gobierno nacional continúa desmantelando estructuras de control sobre productos sensibles como alimentos y materiales médicos. Dos nuevas disposiciones de la ANMAT, publicadas esta semana en el Boletín Oficial, marcan una nueva etapa de desregulaciones en sectores claves vinculados a la salud pública y el consumo masivo.
Por un lado, la Disposición 4538/2025 establece que las importadoras de alimentos y materiales en contactos con estos, como envases, dejarán de pagar un sistema escalonado de aranceles. A partir del 26 de julio, se aplicará una única tasa del 0,5% sobre el valor FOB del bien. Aunque desde el Gobierno aseguran que la medida busca “simplificar” y “hacer más equitativo” el régimen arancelario, lo cierto es que representa una baja de significa en el costo que deben afrontar las empresas: no solo en el primer trimestre del año, ese cambio hubiera implicado una reducción de más de $12 millones en lo abonado por importaciones.
Detrás del argumento técnico de eficiencia administrativa se esconde, sin embargo, un relajamiento en los filtros económicos para ingresar productos que, por su naturaleza, impactan directamente en la salud de los consumidores. “Estas inconsistencias afectan la equidad del régimen arancelario”, señalaron desde fuentes oficiales, pero no se aclaró cómo se garantizará ahora el cumplimiento sanitario con menores ingresos estatales y menos recursos para inspección.
La otra resolución, la Disposición 4446/2025, va aún más lejos: elimina por completo la intervención de la ANMAT en los trámites de importación de productos médicos de bajo riesgo, como gasas, curitas, termómetros o jeringas. Esta normativa, que entrará en vigencia el 24 de julio, desliga al organismo de autorizar previamente el ingreso de estos insumos, que representan alrededor del 70% de los productos médicos importados.
Aunque los importadores deberán notificar la nacionalización dentro de las 48 horas mediante una declaración jurada, ya no estarán sujetos a controles previos. Según se informó, la idea es que la ANMAT concentre sus recursos en la etapa de postcomercialización, lo cual, en la práctica, implica actuar cuando el producto ya está en circulación.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, celebró la medida en redes sociales destacando que “incluso una curita requería autorización de ANMAT” y que ahora se espera reducir costos internos. Pero lo que no se dice tan abiertamente es que esta desregulación ocurre en un país donde las tragedias por falta de controles no son una hipótesis teórica, sino una experiencia reciente: las muertes por fentanilo contaminado, ocurridas hace poco más de un año, aún resuenan como advertencia sobre los peligros de permitir que todo fluya sin supervisión.
El discurso oficial repite palabras como “agilización”, “dinamismo” y “libertad operativa”, en línea con el ideario del presidente Javier Milei. Pero en ámbitos como el alimentario o el médico, donde los márgenes de error pueden costar vidas, el relajamiento de controles parece más un salto al vacío que una reforma responsable.
Mientras se reducen barreras y se abaratan costos para las empresas, queda en el aire la pregunta clave: ¿quién protege al consumidor en un sistema donde los filtros son cada vez más laxos y las garantías, cada vez más escasas? A juzgar por el ritmo de las reformas, la respuesta parece estar quedando en manos del azar. O, peor aún, del mercado.


