Esto decía, allá por el año 1513, Nicolás Maquiavello (principal teórico del Estado Moderno), para luego recomendar al “príncipe” (el gobernante) que debía golpear y castigar a esa fortuna-mujer para mantenerla sumisa y a su lado.

Es indudable que ya desde aquellos años, y desde mucho antes aún, hemos ido construyendo mandatos de maldad y abusos de poder que nos han permitido naturalizar violencias y maltratos en nuestros sistemas de relaciones interpersonales y sociales. Y hemos sido tan “sólidos y exitosos” en esa construcción que nuestro sistema culturo-institucional implementó “defensas” profundamente aceitadas para mantenerse indemne ante cualquier “intromisión” técnico-legal que pretenda generar cambios verdaderos en favor de los derechos de las mujeres o todo aquello que afecte realmente al poder “conquistado” por el patriarcado a través de los siglos.

Por lo tanto si intentamos generar cambios reales que impacten sobre el machismo cultural y la violencia de género, necesariamente nos veremos obligados a repensar y deconstruir a todas las relaciones de poder que existieron y existen desde los inicios de la humanidad.

El incipiente movimiento NiUnaMenos en la Argentina creemos que intenta encaminarse hacia este debate necesariamente profundo, y la movilización del colectivo de mujeres está logrando interpelar, en medio de contradicciones inevitables a cualquier movimiento naciente, a todo un engranaje patriarcal que se ha caracterizado por precarizar la vida de mujeres, niñas y niños, y asimismo ha legitimado al abuso de poder y a la violencia como un sistema, válido, aceptado y naturalizado, de resolución de conflictos.

Es aquí en donde creemos que es clave encaminarse hacia respuestas reales y concretas para lograr incidir efectivamente en el diseño de planes integrales, coherentes y coordinados. Para que estos sean aceptados y aplicados como políticas de Estado en nuestro país, por ejemplo: de plazo inmediato (programas de refugios con abordaje integral, acompañamiento social, psicológico y representación jurídica gratuita, etc.), de plazo mediato (programas de sensibilización, promoción de derechos y participación comunitaria, promoviendo la participación activa de mujeres y hombres para que se sumen a esta lucha por la igualdad de derechos, etc.) y a largo plazo (programas educativos a implementar en todas las escuelas del país, con mayor énfasis en edades clave donde principian las relaciones vínculo-afectivas y lo cultural puede repensarse, debatirse y cambiarse)

Desde Casa María Pueblo seguimos intentando, hace más de 20 años, dar algunas respuestas integrales para el abordaje de esta compleja problemática. Recuerdo que cuando comenzamos no existía el concepto “violencia de género”, tampoco había leyes ni programas que reconocieran a esta problemática como tal.

Hoy, transcurrido mucho tiempo y miles de personas atendidas, intentamos seguir aportando propuestas, apoyo real y concreto a las víctimas, construímos refugios (reconocidos por la ONU y otros Organismos nacionales e internacionales), estamos a punto de estrenar una nueva Radio con voz y protagonismo de las víctimas de la violencia de género (La 25NRadio), mientras aportamos teorías y conceptos como los de “estado pre-femicida”, la representación jurídica gratuita obligatoria para todas las mujeres y niños/as víctimas de violencia (lo hacemos desde el año 1998), aportes a leyes y reglamentaciones, y sin embargo sabemos que significamos una baldosa ante la gran vereda que debemos construir para transitar hacia una sociedad libre de violencia e igualitaria en los derechos entre los géneros.

A modo de ejemplo y para tomar una dimensión real del problema que abordamos baste señalar que en el Departamento Judicial La Plata se crearon los dos primeros juzgados protectorios especializados en la provincia de Buenos Aires. Al principio se previó que iban a atender y resolver unos 500 o 600 casos anuales. Al poco tiempo fuimos convocados para apoyar la solicitud de creación de más juzgados a la Suprema Corte Bonaerense, pués la cantidad de resoluciones emitidas durante el primer año de trabajo casi llegan a las 6.000.

Este solo ejemplo nos indica la magnitud de la batalla que debemos dar y el deber de concientizarnos para ello como sociedad. Y es que históricamente el Estado no se suele adelantar proponiendo soluciones si antes la comunidad no se moviliza, ella misma lo instala en la agenda política y obliga así a nuestros gobernantes a dar respuestas concretas a los grandes problemas sociales como este que nos convoca.

Sin embargo también es cierto que la sociedad Argentina está atravesada por una épica de estos tiempos y es inevitable sentir que transitamos momentos cruciales para intentar provocar cambios históricamente anhelados, que nos conduzcan hacia una sociedad más justa, libre de violencia, y también para que los derechos que se logran en el ámbito legislativo dejen de parecer una ficción o un mero papel escrito. Y es que se trata, nada menos, de ir por una conquista de derechos. Porque la igualdad de derechos entre mujeres y hombres lo es, y no será regalada graciosamente sino que, como la historia nos ha enseñado, deberá ser conquistada luchando comunitariamente para garantizar su continuidad en el tiempo.

Y entonces sí, con derechos transformados en realidad efectiva, sí se irá comenzando a torcer esta historia, y esta vez el porvenir podrá ser mujer, pero ya no tendrá temor a ser castigada o golpeada por “príncipe” alguno.

(*) Fundador de Casa Abierta María Pueblo