La Derecha, en el mundo, no tiene hoy grandes pensadores. El pensamiento es obligación de la Resistencia. A ellos les basta con producir emociones, sensaciones, deseos… eso: Deseo. A falta de una perspectiva de futuro, la alternativa es desear un par de zapatillas de diseño, con tecnología de punta incorporada y un chip que te mide hasta la gravitación de la pisada. No hay mañana a la vista pero se puede proyectar la adquisición del último modelo de celular con pantalla 16K que en 5 pulgadas arroje una densidad de 3200 PPP, sea compatible con imágenes de alto rango dinámico o HDR y ofrezca  1500 x 2668 píxeles que mejoren la calidad con soporte a la gama de colores DCI-P3. Tomá, te lo dije!

Objetos caros e innecesarios que, lejos de ayudar a una vida mejor, alienan (qué palabrita más vetusta y psicobolche) al individuo hasta ubicarlo en el rango de cosa (se podría decir cosificarlo, pero sería demasiado ellos). Eso si: dueño absoluto del nuevo sentido común -impuesto a fuerza de repetición mediática- que resulta de la sumisión del resto de los sentidos. Hombre Genérico (Hombre Genérico porque, a ver, aunque hagan cómo, ellos no son de hacerle demasiadas concesiones al Feminismo), diseñado por la Derecha Planetaria, oye y ve sólo lo que los medios audiovisuales globales y concentrados deciden; saborea dietas light a lo largo y ancho de los 5 continente, huele bien (porque todos tienen perfumes importados) y toca apenas cosas suaves, lisas, mullidas y, cuanto mucho, húmedas y heladas (cualquier referencia a la Coca Cola que surja de la descripción de los nuevos sentidos, está absolutamente acertada).

Nuestro país, nuestra Patria Grande, no es una isla, aunque por estos lares la resistencia del pensamiento se haga más visible y crítica. Para domesticarnos cuentan con un ejército multimedia y una justicia líquida (iba a escribir lábil pero abusaría de la terminología arcaica). La individuación, sumada a la ausencia cuasi absoluta de cualquier rasgo solidario, han convertido al habitante de estos pagos en poco menos que un autómata que se alimenta de noticias nacidas de la posverdad y defiende su propia humillación como una herencia. Quedan sí, por qué negarlo, bolsones de movimientos sociales con algún sentido de pertenencia a los viejos valores constitutivos de la Humanidad, pero sus dirigentes están tan contagiados de los componente egolátricos y eróticos (en términos de ego y eros) que propone la Derecha Planetaria que difícilmente puedan revitalizar el tanatosimprescindible para que esta sociedad pueda volver sobre sí misma, rearmarse y dar la batalla del pensamiento.

Y si surgiera o surgiese algún conductor carismático que viniera o viniese a proponer cualquier salida pre revolucionaria, aunque más no fuera… Bueno, para eso tenemos una pléyade de jueces para nada probos y mucho menos honestos, capaces de impartirinjusticiasa Siniestra (la Diestra siempre estará exenta)…porque lo impone y exige el sentido común.

Así las cosas y, salvo que Francisco, en Roma, haga un pacto divino que venga a salvarnos de esta cruz, el panorama no se avizora demasiado alentador para esa mayoría cada vez más silenciosa que es, portadora y detentadora del sentido común. Porque, eso sí: ahora, el sentido común, es el más común de los sentidos… digamos todo.

 

Carlos Caramello

*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros “Zonceras argentinas al sol” y “Zonceras argentinas y otras yerbas”, y “Los profetas del odio”